DE ESO NO SE HABLA...


Campaña anual de concientización Mamá Sol 2010

DE ESO NO SE HABLA

El abandono como forma no visible de violencia.


Este año MS realizará una campaña de concientización en la calle acompañadas por voluntari@s que quieran sumarse.

Realizaremos una volanteada y pequeños talleres informativos, una vez al mes en cada barrio, sobre la toma de conciencia del abandono como una forma no visible de violencia.

Como consideramos que DE ESO NO SE HABLA decidimos llamar así a esta, nuestra campaña, para todas y todos.

L@s esperamos a participar y desde ya agradecemos la difusión

En breve aparecerán publicadas las fechas en nuestro blog y página web


www.grupomamasol.com.ar

www.grupomamasol.blogspot.com

mamasolargentina@yahoo.com

La mujer mediatizada. Presencia femenina en los medios argentinos

El corto documental La mujer mediatizada. Presencia femenina en los medios argentinos, realizado por Artemisa Comunicación, recoge el testimonio de periodistas, comunicadoras y directivo/as sobre la presencia de la mujer en los medios noticiosos argentinos, tanto como contenido de las noticias como su participación en la generación de las mismas.

La pieza está compuesta por 19 entrevistas a directivos/as de medios nacionales y periodistas mujeres de distintos soportes: gráfica, radio, TV, Internet. Todas las voces crean un nutrido y polifónico debate

Los medios participantes son:
Diarios: Clarín, La Prensa, Crítica
Revistas: Para Ti, XXIII y Cosmopolitan
Radios: Belgrano, Nacional y Ciudad
Canales de TV: canal 7, América TV, Metro
Agencias de Noticias: TELAM;
Internet: Terra;
Comité Nacional de Radiodifusión.
Las periodistas y licenciadas que participan del video son:
Luciana Peker, Fanny Mandelbaun, Silvia Martínez Cassina, Silvana Avellaneda, Gisela Marziotta y Claudia Laudano.

Ficha técnica:
Realización: Matilde Michanie y Sonia Santoro
Cámara: Gustavo Quinteiro
Sonido: Damián Montes Calabró
Edición: Alberto Ponce
Investigación: Alejandra Waigandt y Carolina Escudero
Entrevistas: Carolina Escudero y Sonia Santoro
Arte de tapa: Cynthia Eisenberg
Producción General: Asociación Civil Artemisa Comunicación
© 2009

Este video es financiado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), un organismo ecuménico especializado en comunicación y preocupado por lo que llaman “justicia de género en los medios de comunicación”.

Para ver el corto hacé clik aquí:
http://www.artemisanoticias.com.ar/site/mujer_mediatizada.asp

Lo nuevo y lo viejo sobre la función materna.


Avances en tecnologías reproductivas, vacíos legales y clases sociales
Ester Kandel - Kattya Pérez (especial para ARGENPRESS.info)

Lo nuevo y lo viejo sobre la función materna.

Es posible afirmar que durante estos cien años, el campo de las tecnologías ha sido particularmente dinámico, lo atinente a la reproducción humana no es una excepción. Hacia la década de 1910 esta función, regida por patrones religiosos y naturalistas justificaba de uno y otro lado las limitaciones y derechos de las mujeres por su condición materna. Condición que se tenía además como central en relación con el porvenir del estado-nación, según se lee, por ejemplo, en la presentación a la conferencia financiera panamericana por parte del delegado norteamericano acerca de la legislación del trabajo. (1) “La protección de las mujeres y la determinación de sus horas de trabajo es un asunto que evidentemente debe importar al estado, pues la mujeres son las madres de los futuros ciudadanos, y en su salud y fuerza debe confiar el estado para perpetuarse”. O en el alegato de Juana María Begino en el Centro Socialista Femenino al proponer como la cuestión de la mujer (2) “todo lo relacionado con el papel que ha de desempeñar en la sociedad actual y los medios de que ha de valerse para que sea un miembro útil a esa misma sociedad en la plena posesión de sus deberes y derechos”. La condición de esposa, madre o hermana, capaces de dar amor por naturaleza, era la fuente de valoración por excelencia, a pesar de lo cual y fuera de ello, éramos consideradas seres peligrosos e indómitos. Algo de lo que persiste en la misoginia masculina y social, y que emerge con fuerza en momentos de crisis. Las mujeres, en el mismo rango que la infancia, la locura y hasta más cerca de la animalidad seríamos seres necesitados de la redención que ofrecían las instituciones de dominación, entre ellas la iglesia, como denuncia Begino, “Fue quizás, agobiada por el peso de su esclavitud doliente que, al aparecer el cristianismo evocador entonces de una redención dichosa para los desgraciados, se adhirió a él la mujer de todo corazón. Pero el cristianismo sigue amarrándola al carro triunfal del egoísmo varonil, a tal punto, que ya no es ni siquiera considerada como un ser pensante, sino como un ser dañino y peligroso para el hombre, razón demás para que este termine por someterla a su dominio absoluto, amparando este vasallaje por medio de ritos y ceremonias, de conceptos, códigos y leyes, que al dar apariencias de costumbres sanas a la fundación de la familia, disimulan, en cambio, la más abominable servidumbre de un sexo hacia el otro”. De ese modo la familia con la herencia de los valores medievales se adecuaba a las exigencias de libertad del nuevo orden de clases, de la división del trabajo y de los atributos subjetivos necesarios. La explotación de una clase por otra, a imagen y semejanza de los recursos de la naturaleza, correlacionaba con la opresión de un sexo situado como inferior, por otro investido y alimentado para la superioridad, que también la libre competitividad del mercado exigía. La familia y sus funciones constituyeron de ese modo la estructura nuclear para la reproducción humana y del modelo social. De aquí que el cuestionamiento de los pilares de una sociedad injusta no pudiera pasar por alto el presupuesto de la inferioridad de la mujer instalado en el sentido común, la vida institucional, pero también en el campo científico. Es particularmente ilustrativa la perspectiva que desarrolla Alicia Moreau (3) precisamente en este campo, a la luz de los avances que ofrecía la investigación frente al imperio de la razón dogmática. Se define así por el método experimental, y al hacerlo plantea por un lado, la comprensión de los efectos por sus causas, y por otro la validez histórico social frente al determinismo natural u orgánico: “Con este criterio no sólo comprobaremos los hechos, sino que, y esto es para mí el punto capital, investigaremos su génesis; si la causa es susceptible de variar o desaparecer, el efecto se modificará o dejará de ser; si por el contrario la causa es orgánica, si es consecuencia a su vez de la vida misma, si depende de la cuestión ordenatriz y profunda del individuo, el efecto tiene pocas posibilidades de variar”. Sus extensos y detallados argumentos tendrán también en cuenta a la maternidad pero esta no será exclusiva, poniendo de relieve en sus demostraciones el ángulo de lo social general y de clase. De ese modo discutirá la supuesta inferioridad de la mujer en los tres aspectos que la sustentaban, la sensibilidad, la inteligencia y la voluntad. El supuesto de inferior sensibilidad en la mujeres era correlato de una mayor expresividad de emociones, incluso irritabilidad, entre los considerandos la autora alega “ello debe lógicamente atribuirse a un ´self´ contralor más extendido, a un mayor poder de inhibición…Este dominio sobre sí mismo le viene [a los hombres]a mi modo de ver de su contacto más frecuente, más continuo con sus semejantes y de la necesidad creada por ese factor social de disimular o reprimir sus manifestaciones; lo que puede igualmente comprobarse en las mujeres a quienes las necesidades de la lucha por la vida han colocado en condiciones parecidas a las del hombre”. También la expectativa de vida cruza diferencialmente a hombres y mujeres para quienes la mortalidad mayor se produce entre 25 y 50 años, período que condensa los riesgos posibles pasado el cuál disminuyen, no así los pesares, las penas y los dolores ante los cuales destaca las distintas oportunidades para el olvido. “El factor social educación es el que obra aquí con toda energía, suprime, comprime o deprime las aptitudes femeninas colocándolas en condiciones de evidente inferioridad” Y agrega el componente de clase social: “Es este factor tan poderoso que por su distinta forma da resultados por completo diversos. La mujer de las clases superiores frívola y superficial, sin otra cultura que un barniz más o menos hábil, sin otra preocupación que la de su ´toilette´ o sus deberes mundanos que no cría ni educa a sus hijos abandonándolos ni bien nacidos en manos extranjeras, no puede compararse con la mujer de pueblo, que la existencia dura hace más seria, que comparte la pesada responsabilidad de la vida de la familia, obligada a trabajos rudos, a una incesante actividad”. Al rebatir la idea de que en la mujer la voluntad se ejerce como capricho hallamos nuevamente entre varios ejes, la siguiente distinción: “Si tomamos como sujeto de observación la del alto rango social a quien la fortuna ha sonreído…encontraremos esa voluntad rudimentaria, primitiva….Pero la mujer que ha debido vencer obstáculos, que ha debido encontrarse frente a frente con las dificultades numerosos de la vida activa, tiene la voluntad fuerte, la decisión, la iniciativa, la perseverancia del hombre sometido a la mismas influencias.” Cita como ejemplo el caso prototípico de una mujer viuda con tres hijos y sin oficio que debió trabajar de planchadora y así solventar la educación de los hijos, y se –nos- pregunta “¿No tuvo ella la voluntad más enérgica, más segura, equivalente a cualquier hombre que realice la empresa más larga y difícil” Y continúa, “En otro orden de ideas. No necesitaré recordad las dificultades que encontraron las primeras mujeres que osaron entrar en las universidades. La burla o el desprecio de los más, la burla de los estudiantes protegidos por el número, la hostilidad más o menos abierta de los profesores debía acobardarlas, hacerlas retroceder; sin embargo han persistido, su número ha ido aumentando, y dada la mayor cultura ambiente gozan ahora de una suficiente tranquilidad”. Por último, sin detenernos en los contraargumentos de orden orgánico y biológico como el tamaño y desarrollo del cerebro, leemos lo siguiente: “Y bien: si dada la educación, la influencia del medio social, el enorme peso de la tradición, la mujer hubiese dado genios y talentos como el hombre, esto probaría una inmensa superioridad que por otra parte no existe, pues para llegar a un nivel igual, la mujer debe vencer obstáculos que el hombre no conoce”. El pasado de la mujer es un pasado de ignorancia, de depresión y sujeción, y jamás en nombre de los errores pasados, no por completo desgraciadamente, puede fijarse el límite del porvenir”. Se trata así de abrir desde la ciencia misma el campo de posibilidades en que las mujeres puedan desenvolverse incluyendo entre otras actividades la educación científica que la beneficie de “una de las más hermosas conquistas de los tiempos modernos: la libertad de disponer de su vida como lo crea mejor”. Vale remarcar de este posicionamiento que el valor de la maternidad en las mujeres no reside en un esencialismo biologisista sino en el ejercicio de una práctica social. Pero si para entonces la libertad requería de al menos la conquista de derechos sociales que posibilitaran un nuevo reparto de actividades en el trabajo y las funciones parentales, el cambio de las condiciones científico-técnico-tecnológicos ha propiciado ciertas condiciones de autonomía en el plano de la autonomía reproductiva que no obstante siguen obedeciendo a las desiguales posibilidades materiales e ideológicas según la clase, y también etnia. La función materna se inscribe en un modelo de familia imperante, llamada nuclear en la que el padre es fundamentalmente el proveedor y la madre ocupa las tareas de crianza. Desde ya que los cambios operados en las últimas décadas, como las madres solteras y/o abandonadas que crían a los/as hijos/as solas, algunas beneficiadas por planes sociales, como el Plan Familia, la convivencia de parejas, la incorporación al mercado de trabajo, cumpliendo doble jornada laboral y la violencia doméstica, que llega a extremos de perder la vida, catalogadas por la crónica policial como crímenes pasionales, altera el concepto enunciado. Las investigaciones (4) sobre fertilidad en las mujeres refieren a la disminución de la misma después de los 30 años. Se recomienda, a partir de los 28 años, congelar óvulos y tener una oportunidad de concebir en el futuro con los propios, a un costo aproximado de $7000. La postergación de la maternidad, aunque se alega que es para preservar la inserción laboral y preservar la fuente de trabajo, creemos que también incidió el cuestionamiento que se viene realizando, desde la década de 1970, por los movimientos feministas, de las relaciones familiares, naturalizando la división de roles complementarios. Según Mónica Tarducci, (5) “las pensadoras feministas analizaron la relación entre trabajo doméstico y capitalismo, denunciando la explotación del trabajo reproductivo y doméstico de las mujeres, argumentando acerca de la doble explotación de la que eran objeto como reproductoras de la fuerza de trabajo dentro de la familia y como asalariadas en el mercado laboral”. Este cuestionamiento coexiste con un reconocimiento de los sentimientos contradictorios que se producen con la maternidad, por un lado como fuente de placer y realización personal así como una carga que a veces se torna insoportable y muchas veces con los dos vivencias a cuesta. Coincidimos con la autora citada que “los discursos pro-natalistas de hospitales, justicia, iglesias y medios de comunicación que sacralizan la maternidad y estigmatizan a quienes no quieren serlo, o no se comportan como “debe ser una madre”, contrastan notablemente con la falta de apoyo a las mujeres que son madres y no cuentan con las mínimas condiciones para ejercer su difícil tarea dignamente”. Este fenómeno observado desde principios del siglo XX, como lo hemos expuesto en el análisis del debate parlamentario sobre el proyecto de ley de Trabajo de mujeres y menores (6), refleja la continuidad entre las políticas liberales y neoliberales sobre la función materna. Pero ha de agregarse el fuerte impacto de la mercantilización que se viene operando en todo el campo de las nuevas tecnologías reproductivas, que se mantiene en las anteriores para la interrupción del embarazo, y abarca aun más el rejuvenecimiento y modelaje del cuerpo. Eclipsando el concepto de la maternidad como práctica y las estrategias legítimas de adopción, la acción de las nuevas tecnologías de reproducción que asisten a las mujeres que padecen infertilidad se desarrolla en el mercado reproductivo, sin legislación, con dos supuestos: el de “la protección de un modelo familiar y el estatus jurídico del (pre) embrión” (7). El autor observa una coincidencia entre esta estrategia de la corporación médica y del Estado para no avanzar en la discusión pendiente sobre la despenalización del aborto. Los proyectos de legalización del aborto son permanentemente rechazados por gobiernos y parlamentarios/as sujetos a las presiones de iglesias y la anuencia de las corporaciones médicas mientras rige con fuerza la otra ley, la ley del mercado.

Notas:
1) La Vanguardia, 14 de abril de 1916. La necesidad de obtener una legislación protectora uniforme en bien del trabajo y de las clases trabajadoras.
2) La Vanguardia, 13 de marzo de 1916. La mujer y el socialismo.
3) La Vanguardia, 10 de marzo de 1916. La inferioridad de la mujer.
4) Clarín, 28 de enero de 2010. Investigación de dos Universidades Escocesas.
5) Mónica Tarducci –organizadora. Maternidades en el siglo XXI. Editorial Espacio, 2008.
6) Kandel, Ester. Ley de trabajo de mujeres y menores –Un siglo de su sanción – la doble opresión: reconocimiento tácito. Dunken, 2008.
7) Garay, Ricardo. El destino de ser madres: la ideología de la maternidad como soporte discursivo de las nuevas tecnologías reproductivas en Maternidades del siglo XXI.

Mujeres visibles, madres invisibles





“La paternidad y la maternidad hoy se contradicen con las actividades visibles, sobre todo para las mujeres. Las mujeres SOMOS VISIBLES EN EL ÁMBITO EXTERNO (en el trabajo, en la profesión, en el deporte, en la política, en los ámbitos sociales, …), y cuando devenimos madres ingresamos en un lugar totalmente invisible”

“LA MATERNIDAD COMUNITARIAMENTE NO TIENE NINGÚN PRESTIGIO y por tanto la invisibilidad de la maternidad hace que las mujeres dejemos esos espacios y tratemos de desplegar, como es lógico, un lugar donde sentimos que existimos”

“El hogar es el lugar que hemos ido dejando las mujeres justamente porque alimentar, preparar comida, servir un alimento sano, permanecer juntos y comer, pasó del ámbito de los actos invisibles y la mujer hoy en día no es reconocida por ese trabajo. Son espacios que estamos dejando de ocupar en perjuicio de los niños”

“El desafío de las próximas generaciones de mujeres es ver qué podemos hacer para integrar los espacios de mujeres que el feminismo en las últimas generaciones hemos conquistado (estudiar, trabajar, actuar en política, …). Pero el problema es que en esta conquista hemos perdido otra parte que es muy femenina, es muy nuestra y también es muy poderosa. Lo que pasa es que hemos relacionado la maternidad con un lugar de sometimiento y LA MATERNIDAD NO DEBERÍA SER UN LUGAR DE SOMETIMIENTO Y REPRESIÓN y yo creo que va a ser el desafío de las próximas generaciones ver cómo integramos los 2 aspectos”

Laura Gutman

CONCILIACIÓN TRABAJO EXTERNO-CRIANZA, la soledad de los niños de hoy, la revolución próxima y el papel de la mujer en la sociedad:

“No es el trabajo el que me necesita a mí, sino que soy yo la que necesita del trabajo. Las dificultades a que me refiero las he visto en mujeres con muchos recursos económicos y con pocos recursos. Además, ¿qué pasaría si nos damos cuenta como sociedad de que si las mujeres se repliegan un año del mundo laboral, cuando vuelven están en condiciones de darles a las empresas una lucidez redoblada?”

—

“Pues yo creo que el problema no es trabajar. Yo trabajo desde los 15 años, me siento orgullosa, y además soy feminista de la primera hora. El problema es la valoración que le otorgamos al desempeño en el mundo laboral suprimiendo toda valoración a cualquier actividad que no sea rentable o visible. En este sentido, le hemos quitado toda visibilidad a la maternidad, y ése es el motivo por el cual sentimos que si permanecemos con los niños, quedamos devoradas por un túnel oscuro.

Por eso, el problema no es trabajar, el gran problema es regresar a casa y tener disponibilidad emocional para entregar al niño, ya que en ese momento entramos en una dimensión desconocida, invisible, desvalorizada, por lo tanto inexistente. Nadie quiere vivir en la invisibilidad. Muchas veces el trabajo es nuestro refugio, nuestra identidad, nuestra valoración. Pero profundamente, no es el trabajo lo que entra en contradicción con el maternaje, es el uso que hacemos de él.

—

“El niño está escolarizado todo el día porque es el lugar al que van mientras los padres trabajan y todos suponemos que el niño tiene que aprender algo y no recibir cuidados amorosos. Por lo tanto, los niños de hoy están mucho más solos que los de tres generaciones anteriores.

No digo que las madres de antes eran mejores madres que nosotras ni mucho menos. Pero sí que antes criar a los hijos tenía valor social y existía la familia extendida: la abuela, el tío, el vecino y la calle (que hemos perdido como lugar de intercambio social). Por lo tanto, ahora el niño está solo y aislado.

El gran drama es que los niños están solos y las mamás y los papás estamos demasiado solos para criar a los niños. Y una mamá y un papá son demasiado pocos para responder a las necesidades de un niño. Por lo tanto, es lógico que pidan más. Lo que no es lógico es que su pedido lo entendamos como capricho en vez de entender que la realidad de ellos, y la nuestra, es dramática”

—

“En la estructura patriarcal de los últimos cinco mil años conocemos el modelo de nuestras abuelas de mujer sometida, esclava sexual del varón, sin autonomía ni libertad personal y solamente madre. Y luego, de mayo del ’68 en adelante, con el advenimiento del feminismo, la anticoncepción, la libertad, la autonomía y el dinero con una salida al mundo en un modo masculino.

El desafío para las próximas generaciones es cómo hacer para encontrar un modelo integrado de ser mujeres, profundamente femeninas, con derecho a vivir la maternidad a pleno, con autonomía, libertad, manejo del dinero y trabajo.

Vamos a tener que inventar una manera femenina de circular por los ámbitos públicos. Creo que es una revolución que va a tardar varias generaciones, pero tenemos que empezar a pensarla. Hoy nos resulta difícil porque no tenemos modelos.

En este momento, las mujeres escapamos del hecho materno porque en el hecho materno dejamos de existir y nadie desea para su vida la no existencia. Esto no es inherente al ser humano, es inherente al patriarcado y nos va a corresponder a las mujeres encontrar una manera de vivir integradamente.

—

“Yo fui feminista de la primera hora en Francia. Y lo hemos hecho bastante bien. Pero ahora las chicas jóvenes no toman como una conquista ir a la facultad y trabajar les resulta evidente. Nadie dice “me voy a casar para tener hijitos”. Eso socialmente ha sido una conquista. Pero quizás es tiempo de pensar más allá.

Hoy está sólo valorizada la DONCELLA –para ser consumida por el varón– o la mujer que trabaja –para ser sostenedora de la familia– y luego, cuando no es ni doncella ni proveedora, es descartada. Es algo de la lógica machista que la mujer madura que sabe más del femenino interno sea expulsada y pase a la invisibilidad social justo en el momento en que adquiere mayor sabiduría”

—

“Expongo la dificultad actual para ejercer el rol de madres y padres, ahora que las mujeres hemos conquistado las calles. La maternidad ha perdido valor social. Cuando permanecemos con los bebés y niños pequeños en casa, sentimos que dejamos de existir.

Sin embargo, si no los atendemos, si no permanecemos con ellos, si no los alimentamos con paciencia, esos niños crecerán insatisfechos, ávidos, necesitados y luego se convertirán en lo que somos muchos de nosotros: adultos tardíamente deseosos de cuidados y amparo.

La revolución de las madres es una revolución silenciosa, amorosa y pacífica. El mundo cambiará cuando seamos capaces de integrar el amor y los cuidados amorosos en casa junto al despliegue de la autonomía y la libertad afuera”

VIDEOS: http://www.elblogalternativo.com/2010/02/03/mujeres-visibles-madres-invisibles/

Parto, miedo y dolor

La obstétrica y psicóloga, Amelia Mussini explica en el libro

'Parto, miedo y dolor. Medir el miedo para dar cauce al dolor'

(Del Nuevo Extremo) la importanica del apoyo emocional y

el estímulo corporal en el trabajo de parto. Ofrecemos un

adelanto.

Todo investigador trabaja acuciado por las preguntas que lo

persiguen. ¿De dónde surgen esas preguntas? La repuesta es,

generalmente, bastante personal. A algunos les surgen de los

libros, a otros de un profesor, o de la tarea cotidiana.
Les voy a contar de dónde surgen mis preguntas y cómo,

casi sin darme cuenta, me fui introduciendo en la interdisciplina.

En 1964 comencé a trabajar como maestra en escuelas del

Gran Buenos Aires, partido de La Matanza: en Laferrère,

González Catán, Barrio Los Pinos… Todas, llamadas en aquel

entonces 'escuelas de villa'. La mayoría de las aulas eran

viejos tranvías acondicionados. Hoy se habla mucho de

desnutrición infantil, pero ya entonces veíamos chicos

con hambre, que no aprendían porque tenían poca

concentración y estaban preocupados por otros temas.

En muchas de las casas había problemas por la carencia

de recursos económicos básicos y de sostén social. A esto

se sumaba, con cierta asiduidad, la falta de madre o padre,

y así, estos niños crecían con una concepción 'devaluada' de sí

mismos y de la vida.
Ya este primer trabajo, inmerso en un sector social distinto

al que pertenezco, me ayudó a pensar e interesarme en el

componente sociológico y antropológico de la vida humana.

En esa población había descendientes de los primitivos

habitantes de estas tierras, por lo cual se escuchaban

creencias y ritos diferentes, y tan válidos como los nuestros.

Estaba en ese momento decidiendo mi carrera universitaria.

Motivada por todo lo que veía y escuchaba en las escuelas

primarias, ingresé en Filosofía y Letras a la carrera de Psicología.

La facultad sufría entonces la persecución por parte de la

dictadura militar y, a los dos años de mi ingreso, fue cerrada

por un tiempo. En ese momento me incorporé a la carrera de

Obstetricia, de la que nunca más me pude desprender, y tuve

una de las vivencias fuertes de mi vida: presencié el primer parto.

Aun cerrando mis ojos puedo evocar con nitidez esa escena.

Imagínense una sala de partos (que ahora llamaríamos 'tradicional').

Una señora, acostada en una camilla —con lo que nosotros,

los de obstetricia, llamamos 'las piernas colgadas'—, toda tapada

con sábanas estériles. Las alumnas (ninguna hasta ese momento

había tenido esta experiencia) ingresamos a la sala y nos ubicamos,

casi sin mirar a nadie, en unas gradas como las de los coros, justo

frente a la camilla en la que solo se veía la vulva. Es evidente que

entramos al final del período expulsivo porque a los pocos segundos

vimos cómo salía la cabecita y luego todo el cuerpo del bebé.

Nadie nos había preparado emocionalmente para entrar ni

estábamos conectadas con la embarazada, a quien no habíamos

visto. Recuerdo un gran silencio en esa sala de partos, solo la voz

de la médica indicando cómo pujar, y después el llanto del bebé,

a quien retiraron inmediatamente. Pienso que tal vez así era la

organización en la Maternidad Pardo cuando debían ingresar

estudiantes.

En la carpeta de 'archivos de mis recuerdos' hay otra escena

más antigua que tengo muy grabada, y fue repetida en cada

uno de mis cumpleaños. Es el relato con el que me despertaba

mi mamá a las nueve de la mañana, hora en que nací. Ella me decía:

'Acabas de nacer. Fuimos a la mañana muy temprano al hospital

de Puerto Belgrano. Tuve suerte: la partera de guardia era una

amiga que, aunque hacía mucho que no la veía, me cuidó muy bien.

Fue rápido: enseguida me llevó a la sala de partos; tenía las

piernas colgadas mientras me presentaba a sus compañeros

médicos; sentía mucha incomodidad y vergüenza. A tu papá lo

mandaron a tomar un café y él se fue. Naciste y te pusieron sobre

una mesada. Hacía mucho frío, te vi morada y les dije: —No la dejen

ahí, va a estar más calentita conmigo…'.

No pude imaginarme cómo era una mujer con 'las piernas colgadas',

hasta que por fin entré como alumna a aquella sala de partos en la

Maternidad Pardo; es evidente que mi madre me dejó vislumbrar

escenas que yo tuve que ir a buscar para ver y entender.

El tiempo y mi experiencia como obstétrica me permitieron ir

tamizando el recuerdo de esos relatos. Pude escuchar en ellos

los reclamos de una mujer: por un lado, hacia su marido

(¿por qué se fue?). Y también hacia los profesionales:

¿por qué no le sugirieron a él que participara del parto,

que la acompañara, que estuviera en la escena, no

tomando un café ante la circunstancia tan importante

de su vida como es ser papá…?

Otro reclamo de mi madre en su relato: 'Saliste y te pusieron

sobre una mesada; era 9 de julio, hacía mucho frío, te vi

morada y dije: 'No la dejen ahí, dénmela, que va a estar más

calentita conmigo'. Esa era la forma en que se revisaba al recién

nacido, por razones de seguridad. Razones que luego fueron

analizadas científicamente. Tiempo después pude conectar

estos reclamos de mujer y mis nuevas búsquedas en obstetricia.

Nunca creí del todo que fueran casualidad: creo que la primera

que me ayudó a pensar fue esta mujer, mi mamá, que, sin darse

cuenta, elaboraba sus escenas tan fuertes de parto con su propia hija.
Desde 1972 y durante años —además de mi labor en instituciones

públicas—, formé parte, en el ámbito privado, de un equipo

interdisciplinario. Con él invitábamos a los papás (de la manera

en que ellos quisieran y pudieran) a estar con nosotros en la sala

de partos. Yo ayudaba a las mujeres a que buscaran sus maneras

personales de estar en el parto: no les 'colgábamos las piernas', no

estaban acostadas; nuestro neonatólogo no ponía sobre la mesada

al bebé, sino que lo miraba y lo controlaba sobre el pecho de la

mamá (salvo las pocas excepciones en que alguna indicación

médica sugiriera lo contrario).

Hay también otra circunstancia que resulta llamativa en mi

historia personal. En 1998, en una charla casual, le pregunto a

una tía materna por la historia de mi bisabuelo —de quien tenía

pocos datos porque la familia no solía contar nada—. Así,

inesperadamente, me entero de que mi bisabuela, Juana Dispa,

llegada de Bélgica con su título de maestra, había ingresado al

Hospital de Clínicas y se había formado como una de las primeras

parteras profesionales de la Argentina.
Antes nunca me habían contado esto. Fue un dato que me impactó

mucho, y me abrió a nuevas preguntas tanto personales como en

el ámbito de la investigación de las transmisiones culturales.

A pesar de no haberlo sabido conscientemente, ¿hubo algo

que mi familia transmitió sin que ninguno se diera cuenta…?
De este modo fui valorando cada vez más mi predisposición a dar

marcada importancia al conocimiento de la historia tanto de la

ciencia médica como de las culturas, para articularlas en la formación

de profesionales que se dedican a la prevención y atención de la salud.

En estos momentos hay un nuevo movimiento de ideas con el objeto

de repensar ciertas verdades científicas, lo que sugiere que hay

una necesidad de reflexión. Por ejemplo, ¿pueden las mujeres

decidir sobre sus partos? ¿En qué aspectos pueden decidir?

¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento sobre el propio

cuerpo de las mujeres y el saber médico sobre ese mismo cuerpo?

Y estos distintos saberes, ¿es posible que se articulen? ¿Resulta

útil esta posible articulación? Y si es así, ¿cómo lo hacen?

Este libro es un potencial aporte para esta reflexión y sus

implicaciones en la obstetricia. Está escrito con el deseo de

seguir instalando esa reflexión tanto en las futuras madres

y futuros padres como en los profesionales que atienden el

embarazo, el parto y la crianza.

Está dirigido en particular a los profesionales relacionados

con la obstetricia (obstétricas, médicos obstetras, neonatólogos,

parteras, enfermeras, etcétera), y también a aquellos

provenientes de la psicología o la psiquiatría, cuya especialización

se vincule con la atención perinatológica. Por su enfoque

interdisciplinario, es asimismo un aporte para antropólogos

y sociólogos interesados en los condicionamientos culturales

y sociales implicados en estas cuestiones. Y, en especial, está

dirigido a las mujeres embarazadas, a sus parejas y a las

familias que se encuentran en esa movilizadora situación vital.

Es también mi intención proponer a las autoridades nacionales

de Salud que la Psicoprofilaxis Perinatológica Integral (que abarca

el embarazo, preparto, parto, puerperio, lactancia, y crianza) sea

instituida como especialidad. Que su formación científica sea

interdisciplinaria, profunda y sistemática. Y que incluya el gran

aporte de las técnicas corporales en todas las etapas mencionadas,

ya que de este modo se podrán analizar y resolver mejor las

problemáticas actuales durante el embarazo, en las salas de

parto y aun en los puerperios cuando las parejas retoman

el tema de salud sexual y anticoncepción. Temas todos de

gran actualidad y que necesitan un mayor aporte de

profesionales formados.

Artemisa Noticias
Nota publicada en www.educacionysexualidad.blogspot.com
Para tod@s l@s chic@s...

MANDALAS: Creatividad y concentración











Incorporar los mandalas al trabajo cotidiano en el aula brinda beneficios para todas y todos. Tod@s somos
capaces de CREAr un mandala
, poder pintarlo de acuerdo a nuestros gustos o inspiración, si estamos tristes, alegres, si venimos de correr , si preferimos la calma. Cada personalidad es reflejada en cada MANDALA.

Los mandalas, y la construcción de un mandala en sí, es una "meditación activa", un instrumento de contemplación, concentración y relajación.Representan el mapa del cosmos: una pequeña muestra totalizadora de la proyección geométrica del mundo. Es esa porción del universo que ocupa nuestro ser, nuestra esencia.

Desde el punto de vista psicológico, tiene una función lúdico-terapéutica. No tiene un objetivo explicito, la libertad en la creación va revelando imágenes de la organización interior de la persona, consciente o inconscientemente.

Su creación no exige habilidades intelectuales especificas, es una respuesta instantánea, son ejemplos y símbolos cuyo propósito consiste en entender "intuitivamente" las posibilidades infinitas del subconsciente humano.

Básicamente es hallar la sabiduría a través de figuras geométricas que combinadas, instintivamente, y con la magia y la vida de los colores, representan nada menos, que nuestro interior. Un mapa que devela el camino sutil hacia nuestro propio centro, el punto a partir del cual se desarrolla nuestro propio universo.

El estilo y significado de cada mandala se explica según la época y la comunidad que lo realiza, pero todos hablan de un orden circular con un centro definido.

Existe un punto central, la irradiación de ese punto, él circulo que envuelve al centro y él limite exterior. Estos son los componentes básicos y comunes del mandala.

Desde el punto de vista espiritual, son centros energéticos de equilibrio y purificación que colaboran con la transformación del entorno y de la mente de quien medita en ellos.

Es un poderoso instrumento para crear, contener, entender y preservar el propio espacio sagrado.

Existen muchos libros de Mandalas, hay para niñ@s y adult@s. También muchos sitios de internet donde se pueden imprimir modelos varios según la temática que se elija o simplemente algo "abstracto".
El pintar un mandala, poder crearlo no esta "bien" ni "mal", acá no hay mandatos ni fórmulas...es explayarse y sentirlo propio. No hay limite de edad para la creación...

LA RUPTURA DE LA SIMBIOSIS PRIMARIA

Por Casilda Rodrigañez http://www.casildarodriganez.org/artics5.php


Existe una extensa y a la vez poco conocida literatura científica acerca del efecto de la ruptura de la simbiosis primaria entre madre y bebé (por ejemplo, cuando se les separa tras el parto o cuando se deja al bebé llorar solo en una cuna). La escritora Casilda Rodrigáñez, en este ámbito, ha realizado un más que excelente trabajo de documentación y correlación de gran cantidad de datos procedentes de diferentes campos de investigación, con el objetivo de demostrar que esta ruptura constituye un eslabón fundamental en la ontogenia del hombre occidental moderno, competitivo, individualista, y con un elevado grado de desconexión con respecto a su ser interno (emociones, pulsiones básicas, miedos, etc...).

A continuación se exponen unos interesantes párrafos extraídos de su artículo La maternidad y la correlación entre la líbido y la fisiología, para que el lector juzgue por sí mismo el impacto, a nivel mundial, que tienen los hábitos de crianza primal de nuestra sociedad:
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Nils Bergman explica [Restoring the original paradigm (1)] que en nuestro rombencéfalo (hindbrain) hay tres programas neurológicos, el de defensa, el de nutrición y el

de reproducción; cada uno de estos programas está asociado a un paquete de hormonas y también a nervios y músculos, de manera que la activación de uno y otro programa afecta de diversos modos a todo lo que ocurre en el organismo. Estos tres programas que regulan todo el metabolismo basal de nuestros cuerpos, preveen el mantenimiento de la vida en diferentes circunstancias.(...)
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Si se separa a la criatura de su madre, el programa de nutrición se cierra y se abre el de defensa; la criatura entra en un estado de alerta, y protesta mediante el llanto reclamando ser devuelta a su hábitat. La criatura separada de la madre realiza una actividad intensa que

cursa con una bajada de la temperatura corporal, disminución del ritmo cardíaco y respiratorio, taquicardias y apneas, inducidas por el aumento masivo de glucocorticoides (hormonas del stress). Y si la criatura es mantenida separada de la madre durante tiempo, llorará cada vez con más desesperación, y pasará del estado de alerta al de desesperación, hasta que el cansancio le rinda. Bergman dice que llorar es nocivo para los recién nacidos; ello restaura la circulación fetal y aumenta el riesgo de hemorragia intraventricular y otros problemas. Hay estudios que explican que las descargas masivas de las hormonas del stress crean una toxicidad bioquímica que perjudica seriamente a la formación del sistema neurológico, pues no sólo

dañan a las células cerebrales sino también la memoria y ponen en marcha una desregulación durardera de la bioquímica cerebral (2).
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Bergman hizo un estudio comparando criaturas recién nacidas apegadas a la madre con criaturas separadas de la madre (3); se aseguró de que ambos grupos recibían exactamente la misma atención y cuidado y que la única diferencia era el estar o no con la madre. La tasa de cortisol, que se medía tomando muestras de saliva, era el doble en las criatura

s separadas de la madre. De esta manera se comprobaba que el solo hecho de la separación produce una situación de stress en la criatura recién nacida. El aumento de la tasa de cortisol -el aumento del stress- llegaba a ser hasta de 10 veces más alta, cuando además de la separación se sometía a luces intensas, ruidos, muestras de sangre, etc. (como ha venido ocurriendo de forma rutinaria en el post-parto hospitalario de la civilización contemporánea). Sin embargo, bastaba una hora de contacto piel con piel con la madre para que la tasa de cortisol bajara de 10 veces más a 2 veces más de lo normal. (...)
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Otro dato aportado por los estudios clínicos de Bergman es el de la regulación de la temperatura corporal de las criaturas recién nacidas. Los gráficos de temperatura de una criatura en la incubadora, muestran por un lado una falta de estabilidad: la temperatura corporal tiene subidas y bajadas; y por otro lado, que siempre está por debajo de la temperatura ambiente dentro de la incubadora, como si el cuerpo de la criatura no pudiera absorber el calor del ambiente. En cambio, cuando la criatura está sobre el cuerpo materno, las temperaturas de ambas se aparejan y son estables; la criatura absorbe el calor del cuerpo materno. Entre madre y criatura hay una
sincronía térmica. Además, la media de la temperatura no estable en la incubadora es inferior a la temperatura media sobre el cuerpo de la madre.
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Otro estudio realizado con hombres y mujeres, madres y no madres, daba el siguiente resultado: el torso de una madre tiene 1ºC de temperatura más que el de cualquier otra mujer u hombre. Pero si la criatura tiene la temperatura baja, la madre sube la suya hasta 2ºC con el fin de calentarla; y si por el contrario la temperatura de la criatura es alta, la madre baja 1ºC la suya para enfriarla. Esto es una prueba de regulación mutua y de la sincronía fisiológica de la pareja madre-criatura, parejas a la interacción de sus pulsiones libidinales.
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La sincronización corporal se hace evidente de manera abrumadora en la fisiología del amamantamiento. La composición de la leche que la madre produce no es siempre la misma, siendo la criatura apegada a la madre quien controla y determina las variaciones (...)
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Bergman dice que la criatura en la cuna o en la incubadora está en un "modo de supervivencia" (survival mode), a la espera de volver a su hábitat, sobre el cuerpo de la madre; el descenso de la temperatura corporal posiblemente sea un medio de defensa para ahorrar energía en espera de volver al percho de su madre. Por eso llora: para llamar la atención y que su madre le vuelva a poner en su sitio, poder cerrar el programa de defensa y abrir el de nutrición y recuperar el "modo de desarrollo" (grow mode).
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Según estas investigaciones, los valores de referencia considerados "normales" en pediatría (temperatura, ritmo cardíaco y respiratorio, etc.) están equivocados, puesto que se han tomado como tales los valores de las criaturas recién nacidas fuera de su hábitat normal, en un estado de alerta y de stress. Bergman asegura que deben ser re-evaluados (3). Estamos pues ante la misma situación que refería Michel Odent sobre el parto hospitalario, tomando como "normales" las mediciones fisiológicas en una situación irregular. (...)

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Hay muchos estudios que muestran que la falta de madre origina diferentes trastornos psicológicos así como la violencia criminal.
Bergman se refuere a otro estudio publicado también por A.N. Schore (4) y asegura que las complicaciones que suceden durante el nacimiento afectan a la personalidad, a la capacidad relacional, a la autoestima, y a los esquemas de comportamiento a lo largo de toda la vida. Si a ello se le añade el rechazo de la madre y la ausencia unión con la madre ("bonding"), podemos constatar una fuerte correlación con un comportamiento criminal y violento. La creación de nidos en los hospitales y el aumento de la frecuencia de las separaciones precoces de la madre son correlativos a los problemas de vinculación afectiva, al abandono de la madre, y al aumento de comportamientos adictivos (necesidades orales del bebé no satisfechas).
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Esto puede ayudar a entender la afirmación de
Michel Odent (5) de que la mejor estrategia para obtener una persona agresiva es separarla de la madre en su más tierna infancia; así como otros estudios realizados sobre la correlación entre separación de la madre y desarrollo de una persona violenta, entre ellos el muy importante trabajo de JW Prescott que deja patente la relación entre la falta de placer corporal en las criaturas pequeñas y los orígenes de la violencia (6). Margaret Mead también realizó un estudio similar en diferentes tribus, que desconozco, pero que cita Carlos Fresneda (7). No olvidemos tampoco lo que hacían los espartanos de la Grecia post-micénica de tirar a los bebés al suelo para obtener buenos guerreros de los que sobrevivieran al trauma. (...)
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Allan Schore y sus colaboradoras (4) han comprobado que la criatura separada de la madre puede pasar del stress (hipervigilancia) a la desesperación y de la desesperación a un estado de desconexión (disociación) para dejar de sufrir.
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En la hipervigilancia, el sistema nervioso simpático se activa fuertemente y de forma brusca, con un aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea, del tono y de la vigilancia; la angustia de la criatura se manifiesta con llanto y alaridos... este estado frenético de angustia, que Perry llama "miedo-pánico", se conoce como una estimulación ergotrópica... con secreción de tasas excesivas de las principales hormonas del stress... que se producen en un estado hipermetabólico del cerebro.

La disociación es el estado de reacción subsiguiente a la respuesta al terror, con embotamiento y retraimiento; es un estado de conservación y de repliegue, una respuesta del parasimpático que sobreviene en situaciones en las que la persona no tiene ni ayuda ni esperanza, una respuesta utilizada a lo largo de la vida, por la cual el individuo se desconecta para "conservar su energía", una conducta peligrosa de supervivencia en la que el individuo finge estar muerto; en este estado pasivo de profunda desconexión, la tasa de opiáceos endógenos es alta, lo que produce ausencia de dolor, inmovilidad einhibición de gritos de angustia. El tono vagal aumenta considerablemente con una bajada de la tensión sanguínea y del ritmo cardíaco (...) en este estado, desde el cerebro de la criatura, tanto los componentes del sistema simpático que consumen energía, como los del sistema parasimpático economizador de energía se activan (...) provocando alteraciones bioquímicas caóticas, un estado de toxicidad neuroquímica para el cerebro de la criatura en plenocrecimiento.

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Es preciso, pues, informar sobre lo que puede significar el dejar llorar a una criatura "hasta que se calle", "para que aprenda", etc. Porque quizá al principio se calle por cansancio físico y se duerma (una primera reacción de supervivencia); pero si se repite a menudo, lo que se hace es empujar a la criatura del estado de desesperación a estados de desconexión que se manifestarán en una amplia gama de síntomas autistas u otros, más o menos graves. Si el amor mantiene la salud, el desamor enferma. Dejar llorar a una criatura es un gran acto de desamor.
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(...) La separación madre y criatura produce, con palabras de
Bergman, un impacto de por vida (a lifelong impact). Pues bien, este impacto fisiológico y neurológico que ahora se está poniendo en evidencia, fue observado y descrito hace ya más de 30 años por Michael Balint en el análisis psíquico; lo llamó "Falta Básica" (8).


Aquí también el paralelismo de lo psíquico y lo somático es un chorro de luz que alumbra la integridad y la unidad psicosomática de las criaturas humanas. No puedehaber impacto fisiológico sin impacto psíquico y viceversa.
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Como decía, tras cincuenta años de práctica psicoanalista,
Balint encontró de modo generalizado en sus pacientes, en la parte más primaria de la psique, por debajo de la construcción edípica, una herida, falta, o falla, producida por la ruptura del primary love. Sobre esta herida, dice: su influencia se extiende ampliamente, y es probable que se extienda a toda la estructura psicobiológica del individuo y abarque en varios grados tanto su psique como su cuerpo. Ahora la descripción fisiológica del survival mode y el programa de defensa regulado por las hormonas del stress, así como los recientes hallazgos de la neurobiología mencionados, ratifican la descripción de las características de la herida primaria hecha desde el psicoanálisis.
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Balint asegura que la herida psíquica de este impacto alienta una gran ansiedad y se mantiene altamente activa toda la vida. Por eso, a lo largo de nuestras vidas, cuando se produce una alteración o cuestionamiento del equilibrio emocional edípico, con el que hemos arropado la herida y sobre el que hemos construido nuestro "ego" (el ejemplo más común es la ruptura de una pareja estable), se nos queda la herida al descubierto y aflora la ansiedad que mana de la Falta Básica. La ruptura de la pareja adulta no cuestiona nuestra existencia, ni tendría por tanto que provocar un sentimiento de angustia tan fuerte; pero la ruptura de la pareja con la madre sí significó un cuestionamiento de nuestra existencia. Esto quiere decir que el miedo y la ansiedad que afloran en la edad adulta provienen de la herida primal (que aunque enterrada se seguía manteniendo "altamente activa") que ha quedado al descubierto, provocando alteraciones graves en el comportamiento, violencia criminal, etc.



Casilda Rodrigáñez




Referencias:

1: Bergman, N. Restoring the original paradigm es un documental que contiene una información muy completa sobre el paradigma maternal. Existe otro documental más corto : Rediscover the natural way, que está traducido al castellano y que se puede conseguir pidiéndolo a : encargos.libros@laligadelaleche.org En http://www.kangaroomothercare.com/ se puede pedir el Restoring the original paradigm y descolgar varios textos, los estudios clínicos de Bergman en Mowbray Hospital de Cape Town, etc.

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2: Lloyd de Mause. The neurobiology of Childhood and History y War as righteus Rape and Purification, citados en "El llanto infantil y el cerebro". http://www.dormirsinllorar.com/ y http://www.psycohistory.org/.


3: Bergman, N. Le portage kangaroo. VI éme Journée Internationale de l`Alaitment. París, marzo 2005.

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4: Schore, AN. The effects of early relational trauma on right brain development, affect regulation, and infant mental health. Infant Mental Health Journal 2001; 22

(1-2): 201-269.

5: Odent, M. Boletín del Primal Health Research Centre (http://www.primalhealth.org/). También desarrollado por Odent en I Congreso Internacional sobre Parto y Nacimiento en Casa, en Jerez de la Frontera, oct. 2000, y recogido en el libro La cientificación del amor. Ed. Creavida, Argentina, 1999.

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6: Prescott, JW. Body Pleasure and the Origins of Violence. Bulletion of the Atomic Scientist 1975. Está disponible la traducción del artículo al castellano en internet en esta dirección: http://www.violence.de/prescott/bulletin/article-es.html Es de notar que existe un importante error de traducción en la tabla 1 del artículo: Donde dice “bajo bienestar” en el original pone "low display of wealth", algo así como “escasa exhibición u ostentación de riquezas".

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7: Citado por Carlos Fresneda en Las raíces afectivas de la inteligencia. El Mundo, 22.09.2003.

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8: Balint, M. La Falta Básica. Paidós, Barcelona 1993. 1ª publicación: Londres y Nueva York 1979.