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Instinto Materno

Dice que al instinto materno, a veces, le cuesta aparecer.
Culpa a las condiciones en que se tienen los hijos. Y que si una madre respondiera sólo al instinto, nunca dejaría llorar al bebé.

PorDaniel dos Santos

Resultaría tal vez demasiado pesimista decir que el hombre, desde que nace, cae en desgracia. Y no por aquello del pecado original, que supuestamente nos condena para la vida por venir sólo por haber nacido, si resulta, claro, que viene. Sino por la vida en este valle de lágrimas -léase, aquí-, que precisamente nos recibe llorando como bebés. No abundaré demasiado en penurias. Sólo que “nacer es, después de haberlo tenido todo, carecer súbitamente de todo...”, como ya dijo al francés Maurice Blanchot. Pero bueno. Ahí está la madre para hacerse cargo del paraíso perdido que significó su vientre para el recién nacido. Pobre mamá, en el sentido más profundo del lamento. Porque quizás su bebé también le recuerde el paraíso que ella perdió en similares circunstancias. Suficiente. En París, que como ya sabrán cosecha aquel infundio cierto -para dejar en el aire si es mentira o verdad- sobre que los bebés atesoran más rechazos que las mascotas, Laura Gutman se puso a pensar en esta relación excluyente madre-hijo, motivada por esa frialdad no climática. Y no paró. “De familia judía normal”, como ella misma dice, autora entre otros siete libros de La maternidad y el encuentro con la propia sombra y Crianza, violencias invisibles y adicciones, e instalada ahora en una cortada de Barrio Norte que le hará acordar a Montmartre, responderá con voz rápida a interrogantes básicos. Bah, los que le planteé.
¿En qué consiste el instinto materno?
Es la reacción innata de querer proteger y cuidar a la cría.
¿Así de fácil?
No tanto. Hay confusiones. Por ejemplo, no tiene nada que ver con el deseo de tener hijos. Y si una no está en contacto con la cría, el instinto no aparece. Aun así hay mujeres que dicen no tenerlo, porque no les nace estar con el bebé, no quieren verlo. Pero la mayoría de las mujeres parimos en cautiverio, atadas, pinchadas, apuradas, anestesiadas, entre muchas personas que no conocemos. En esas condiciones nos pasa lo mismo que a las hembras del zoológico, a las que les cuesta mucho parir y después encima desconocen a la cría.
¿Diría que nuestra sociedad está contra el instinto materno?
En nuestra cultura patriarcal y ciudadana la mayoría de las experiencias actúan en detrimento del instinto. Es como si el instinto materno intentara aflorar pero nuestras propias razones, juicios y prejuicios entraran en contradicción. Ahí se produce una lucha y, por lo general, el instinto materno pierde.
¿Un ejemplo?
Si la madre respondiera instintivamente nunca dejaría llorar a su bebé.
¿Qué siente el bebé cuando llora?
Que el mundo resulta demasiado diferente a los 9 meses que vivió en el útero, en ese paraíso perfecto donde el alimento, la contención, el ritmo, el calor, el movimiento eran permanentes. Y ahora resulta que aparece la espera. Y la espera duele.
¿Responder inmediatamente a todo no daría un bebé con escaso nivel de adaptación?
Los bebés humanos dependemos totalmente de los cuidados maternos. No hay nada que podamos hacer por nosotros mismos. La mínima espera es dolorosa, el hambre es doloroso, respirar es doloroso, la certeza de que está en peligro si no está cobijado por el cuerpo materno ya es doloroso. Ser bebé y ser niño ya es suficiente frustración como para agregarle otras.
¿Cómo marca al bebé y a la mamá el puerperio, esos primeros 40 días de vida?
Circunscribo a los dos años el fenómeno de fusión emocional, el tiempo en el cual el niño se considera parte de su madre; que es en la medida que es ‘niñomamá’. De la misma forma que una mamá conectada con lo que le pasa empieza a percibir el mundo también como si fuera bebé. La presencia del bebé nos devora hacia un lugar raro: nada de lo conocido en la vida adulta, pero parecido a las sensaciones que hemos vivido de niñas. Como si el bebé trajera a la superficie historias contundentes de la realidad de la madre, noticias de la sombra.
¿Y cómo reacciona la mamá?
Es tan enloquecedor que la mayoría de las madres anhelamos volver a ser como éramos antes de que naciera. A muchas les encantaría que el niño hubiera nacido de un repollo, pero salió de acá adentro, del vientre, y de nuestro territorio emocional.
¿Y cómo sigue el proceso?
Nos aferramos a cualquier invitación para regresar al mundo más público, al trabajo, a la actividad que sea. Y tenemos muchos más avales para ‘vení, dejá el bebé; estás muy pegada; ponete linda’, que para quedarnos con él.
¿Cuál es la verdadera encrucijada para la mujer?
La mayor encrucijada es saber cuáles son sus capacidades, sus limitaciones, decidir con plena conciencia cuánto puede y quiere quedarse con su hijo. Y cuánto puede y quiere circular por el mundo laboral. El problema para una mujer no es ir a trabajar; el problema es volver a casa. Y encontrarse con un niño que demanda y demanda a una mujer que tal vez provenga de una historia de desamparo y esté hambrienta por cubrir sus propias necesidades. Es devastador.
¿No trabajar es volver al rol de ama de casa al que estaba destinada la mujer hasta no hace mucho?
No digo volver a ponerse los ruleros y encerrarse. Yo trabajo desde los 15 y trabajar es una necesidad para la mujer. Digo que no es excusa. La mujer no puede quedarse con el niño porque no está en contacto con su realidad emocional y busca un refugio como el trabajo, donde no le piden tanto, para no ingresar en un lugar de intensidad emocional.
¿Por qué no puede ingresar?
Porque el hijo exige conexión, y eso trae dolor. ¿Por qué duele? Porque en épocas en que la mujer necesitaba su propia intensidad emocional, tal vez haya vivido con vacío, terror, o simplemente con preguntas que todavía le faltan responderse.


PARTO RESPETADO, TENEMOS DERECHO!!

Después de haber visto el programa "Residentes" por canal 13....y ver como 3 mujeres diferentes parían acostadas, con las piernas atadas y SOLAS!!, tratandolas de "mamita" y "corazón".... esta nota hoy es un hallazgo...

Los siguientes links, para l@s q no lo vieron:


Comparto:

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1338475

publicado en LaNacion.com
fecha: martes 4 de enero de 2011
difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina


Partos "humanizados", una nueva tendencia en los hospitales porteños

Son salas con atención más "personalizada" para las mujeres que darán
a luz; técnicas para que tengan un "parto respetuoso".

Por Maia Jastreblansky
De la Redacción de lanacion.com
mjastreblansky@lanacion.com.ar
@maiajastre


"¿Cómo querés acomodarte?", le pregunta la partera a una mujer en
trabajo de parto que camina casi agarrada de la pared. "No sé, lo que
sea más fácil" responde entre inspiraciones y exhalaciones cada vez
más frecuentes. "Quiero que entre mi mamá", agrega.

La escena transcurre en la guardia de maternidad del Hospital de
Agudos Teodoro Alvarez del barrio de Flores. Allí, su director,
Marcelo Guz, muestra con orgullo las salas TPR (Trabajo de Parto,
Parto, Recuperación inmediata), y, de paso, se asegura de que todo
esté en orden.

Este centro médico y el Fernández son los únicos hospitales públicos
de Capital Federal que cuentan con estas instalaciones, que
constituyen un espacio familiar acondicionado para favorecer lo que se
denomina un parto "humanizado", tal como lo establece la legislación
actual y en la misma tendencia de las recomendaciones de la
Organización Mundial de la Salud (OMS).

Se trata de salas preparadas para que el trabajo de parto, el parto y
la recuperación tengan lugar en un mismo espacio y la mujer no deba
trasladarse durante el proceso. Además, tienen las comodidades para
que las pacientes ingresen con el acompañante que ellas designen y, si
no hay complicaciones, permiten un contacto inmediato con el bebe.

Según indicó a lanacion.com Guz, este tipo de habitaciones fueron
creadas para que exista una atención más "personalizada y humanizada"
del parto y permite que el proceso se desarrolle de manera más
natural.

"Son salas especiales, donde pueden trabajar la partera, el médico, el
neonatólogo y la enfermera de manera conjunta. Además las camillas que
se pueden articular para que la paciente elija si quiere tener a su
bebe acostada o sentada", explicó el médico. Dentro de las
instalaciones, también señala un banco en forma de "U" y una liana que
cuelga del techo: "Es para las pacientes que vienen de otras culturas
y que prefieren tener el bebe agachadas, que en rigor es la mejor
postura", señaló.

El médico neonatólogo de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP),
Alberto Grieco, adhirió a esa teoría: "Pedir a la mujer que permanezca
acostada es una actitud abusiva, contra lo que marca la propia
naturaleza biológica. La posición decúbito dorsal le resulta más
cómoda al médico, pero no a la parturienta".

En diálogo con lanacion.com Grieco coincidió en que las salas TPR son
el lugar más propicio para llevar a cabo lo que denomina un "parto
respetuoso". Es que estas salas son, además las recomendadas por las
últimas normativas sobre organización y funcionamiento de servicios de
maternidad en Argentina, que promueve que la madre esté acompañada
durante el parto, así como también, el respeto de sus elecciones.

Legislación y recomendaciones de la OMS. En 2003, la Legislatura de la
ciudad de Buenos Aires sancionó la Ley 1.040 de "Acompañamiento
materno", que indica que "toda mujer tiene derecho, en el transcurso
del trabajo de parto a estar acompañada por la persona que ella
designe" y que "se deberá implementar las medidas necesarias para
capacitar al personal, adecuar los recursos físicos y la estructura
organizativa a esta modalidad".

En tanto, en 2004 el Congreso Nacional sancionó la Ley 25.929 de Parto
Humanizado, que entre otros puntos, ordena que la madre debe: ser
informada sobre las distintas intervenciones que pudieran tener lugar
el parto y optar libremente cuando existan diferentes alternativas,
tener intimidad durante todo el proceso asistencial y consideración de
sus pautas culturales y evitar prácticas invasivas y el suministro de
medicación que no estén justificados por el estado de salud de la
parturienta o de la persona por nacer, entre otras consideraciones.

Ambas leyes están en consonancia con lo recomendado por la
Organización Mundial de la Salud (OMS). Este organismo indica que
durante los partos se debe animar a las madres a decidir en qué
posición quieren parir, no administrar analgésicos o anestésicos por
rutina y fomentar que el bebe permanezca con la madre cuando así lo
permita el estado de ambos.

En tanto, la OMS insta a evitar el uso rutinario de la episiotomía y
señala que no existe justificación para que más del 10 al 15 por
ciento de los nacimientos sean por cesárea.

Prácticas instaladas. Grieco advierte que, en rigor, aunque no se
cuente con salas TPR, que el parto sea "humanizado" depende del equipo
médico. "Más allá de las instalaciones con las que cuente la
maternidad, es fundamental recuperar el espacio de asistencia que da
libertad de decisión, intimidad y protagonismo a la embarazada. Y que
el equipo asistente haga una crítica de cada recurso asistencial antes
de aplicarlo", señaló.

Para el especialista, la mayoría de las maternidades no cumplen con lo
reglamentado por la ley. "Aún se observa que se aplica medicación
intempestivamente y se impide que entren familiares a la sala. Los
médicos deberían buscar lo que más le conviene al paciente".

En tanto, señaló que las estadísticas advierten que se practican
episiotomías y que se inducen los partos de manera rutinaria, así como
también cesáreas en porcentajes muy elevados.

"El médico tiene una formación y a veces viene con una ideología
mecanicista, más preocupado por la dinámica del parto que por la
paciente. La medicina lleva a estandarizar las cosas, pero las
pacientes son singulares y el médico tiene que tener la flexibilidad
para adaptarse", opinó Grieco.

Partos en casa. En el otro extremo de las modalidades con alto grado
de intervención, están los detractores de que el parto sea realizado
en centros médicos. Se trata de quienes defienden el parto no
medicalizado, realizado en el hogar, de manera natural y con total
libertad de la mujer.

"En primer lugar nadie tiene que efectuar un parto. El parto lo hace
la mujer. La medicina no debería haber ingresado sistemáticamente en
el terreno de los partos. Mencionar los beneficios de un parto no
medicalizado, es como hacer una lista de los beneficios de hacer el
amor. Es una lista larga. ¿Verdad?", señaló a lanacion.com la
psicoterapeuta familiar, Laura Gutman.

Para esta especialista, las salas TPR "no son una verdadera
alternativa", ya que se trata del "mismo escenario médico, pero un
poco más amable". Para Gutman, el parto debe realizarse en el hogar de
la mujer, quien debe elegir a asistentes con experiencia que estén
interesados en el proceso individual.

"Creo que el verdadero drama está en la formación de los profesionales
médicos y no médicos. Casi no hay profesionales que hayan visto alguna
vez un parto desencadenado espontáneamente. Tampoco están formados
para tener un acercamiento emocional con la mujer que va a parir",
opinó Gutman.

No obstante, tanto para Guz como para Burgo, si bien el parto en el
hogar tiene muchos beneficios para la paciente, en Argentina aún no
existe la estructura necesaria para extender esta práctica.

"El parto en casa se podría hacer si existieran buenas unidades
preparadas con un quirófano, sala de parto, sangre, y todo lo
necesario ante una emergencia. Si se complica el parto, el riesgo
puede ser alto y aún no estamos preparados", señaló Guz.

"Deberíamos contar con las ambulancias con terapia intensiva para que
permanezcan en las puertas de las casas. Además, muchas veces las
mujeres están lejos de los centros asistenciales y no cuentan con los
recursos necesarios si hay necesidad de un traslado. Lo importante es
mejorar las modalidades y que los médicos trabajen en equipo",
concluyó Burgo.
MICHEL ODENT




A lo largo de los años he llegado a la conclusión de que las hemorragias de postparto están casi siempre relacionadas con la interferencia inadecuada.


La hemorragia de postparto sería extremadamente rara si se entendieran y respetaran un pequeño número de reglas simples. Además, estoy tan convencido de la importancia de estas reglas simples, que he acordado en dos ocasiones atender un parto domiciliario aunque en cada caso estaba al tanto de que el parto anterior de la mujer había acabado con una extracción manual de la placenta y una transfusión de sangre. Aprovecho esta oportunidad para resumir mi propia actitud durante la tercera fase del parto con el fin de enfatizar las diferencias entre mi experiencia y la manipulación “expectante” o denominada “fisiológica” empleado en los estudios aleatorios.4

En primer lugar, es importante crear las condiciones para el “reflejo de expulsión fetal” (reflejo de la eyección del feto), que son unas series cortas de contracciones involuntarios sin apenas posibilidad de movimientos voluntarios.5 Esto significa que se ha logrado respetar la necesidad de privacidad y de seguridad. La posibilidad de que el reflejo de expulsión fetal ocurra cuando no haya alguien presente aparte de una matrona experimentada, maternal, silenciosa y discreta sentada en un rincón tejiendo, por ejemplo (tejiendo o realizando una tarea repetitiva que la ayude a mantener su propio nivel de adrenalina lo más bajo posible).6

Cuando las condiciones son fisiológicas, la mayoría de mujeres tienden a estar erguidas en el mismo momento del nacimiento (probablemente eso es el efecto de un pico transitorio de adrenalina).7 Podrán estar de rodillas o de pie o apoyándose en algo. Se tardan solamente unos segundos para oir y ver que el bebé está en buena forma, después de un parto no-medicalizado. Entonces, en la mayoría de los casos, mi primera preocupación es calentar la habitación.

En el hospital francés donde trabajaba, bastaba con tirar de un hilo para encender las lámparas de calefacción. En el caso de un parto domiciliario planificado, en lugar de una lista escrita, me concentro en la necesidad de un calentador portable que pueda enchufarse en cualquier lugar y en cualquier momento (incluyendo los detalles prácticos tales como la necesidad de una extensión). Una vez esté encendido el calentador, es posible calentar mantas o toallas en unos segundos y, si es necesario, cubrir los cuerpos de la madre y el bebé. Durante la hora que sigue al nacimiento rara vez se quejan las mujeres de que haga demasiado calor. Si la madre está temblando, no es fisiológico: significa que el lugar no está lo suficientemente cálido.

A partir de ese momento, mi principal preocupación es que a la madre no se le distraiga ni se sienta observada. Quiero asegurarme de que se sienta libre de sostener su bebé, de mirarle los ojos y de olerle. Es más fácil evitar interrupciones si se mantiene la luz tenue y el teléfono descolgado. A menudo indico al padre del bebé (o cualquier otra persona que esté presente) que entren a otra habitación para explicar que esta primera interacción entre la madre y el bebé no ocurrirá de nuevo y no debería interrumpirse. Muchos hombres tienden a romper el ambiente sagrado que -en el mejor de los casos- sigue un parto ininterrumpido.

Durante la hora que sigue al nacimiento, permanezco lo más callado posible y discreto. Bien me siento en un rincón detrás de la madre y el bebé bien desaparezco si hay una doula experimentada presente que ha tenido una experiencia personal de esta situación.

Muchas madres ya no están cómodas en una posición erguida minutos después del nacimiento. Lo más probable es que sea el momento en que el nivel de adrenalina está disminuyendo y la madre siente las contracciones asociadas con la separación de la placenta. Entonces el asistente al parto quizás tendrá que sostener el bebé durante unos segundos para que la mamá encuentre una posición cómoda, casi siempre tumbándose de lado. A partir de allí ya no hay excusa para interferir en la interacción entre la mamá y el bebé.

Durante una hora no me acerco al cordón y placenta. El pinzamiento y corte del cordón antes de la expulsión de la placenta es una distracción peligrosa. Sugerirle a la madre otra postura es otra distracción innecesaria. Su posición es consecuencia de su nivel de adrenalina. Cuando el nivel de adrenalina esté bajo y la madre sienta la necesidad de tumbarse, sería cruel y no-fisiológico sugerir una postura erguida.

Solamente en el caso de que haya pasado una hora después del parto -si la placenta aún no ha sido expulsada- me atrevo a molestar a la madre con el fin de comprobar que la placenta esté al menos separada del útero.
Con la madre tumbada de espaldas aprieto la pared abdominal justo encima del hueso púbico con las yemas de mis dedos: si el cordón no se mueve, significa que la placenta está separada. En la práctica, la placenta siempre se expulsa o se separa una hora después del parto y el sangrado es mínimo, si la tercera fase no ha sido “manipulada”. Nunca he tenido que inyectar una droga uterotónica para controlar el sangrado.

Semejante actitud, basada primero en observación clínica, debe estar asociada con consideraciones fisiológicas. Una expulsión fácil de la placenta con una pérdida moderada de sangre implica que, inmediatamente después del nacimiento del bebé, ha sido liberada una oleada de oxitocina. Es de conocimiento común que la liberación de oxitocina depende en gran medida de los factores ambientales. Puede inhibirse con la adrenalina.

Esto es más que conocimiento empírico. Un equipo de Sapporo (Japón) ha estudiado extensamente los niveles de adrenalina durante las diferentes fases del parto mediante un método no-invasivo8 (grabando con un parche y analizando los patrones de microvibración cutánea de la palma de la mano) y confirmó los descubrimientos de un estudio previo en el que se midieron los niveles de adrenalina mediante cateterización urinaria9. El equipo japonés demostró claramente que las hemorragias de postpartum están asociadas con altos niveles de adrenalina.

La liberación de oxitocina también puede inhibirse con la actividad del neocortex. Después de un nacimiento en condiciones fisiológicas, la madre aún está en un estado especial de conciencia, como si estuviera `en otro planeta´. Su neocortex está más o menos descansando. El consejo es: ‘¡No despiertas a la madre!’10. Otra oportunidad para referirse a la privacidad y silencio.

Para leer el texto completo entra en: http://www.holistika.net/

Video PARTO RESPETADO, TENEMOS DERECHO!!


Ley Nacional 25.929, de Derechos en el Nacimiento, vigente desde noviembre del 2004 en toda la República Argentina, en instituciones públicas y privadas:

La mujer tiene derecho a : parir acompañada, a que no le aceleren el parto con oxitocina o rotura artificial de la bolsa, tiene derecho a que no le acuesten y a elegir la postura para parir, a que no le corten el cordón umbilical hasta que no haya dejado de latir, a que no la separen de su bebé después de nacer.

TENEMOS DERECHOS, HACELOS VALER!
Gracias por difundir este mensaje!
Tod@s l@s que promovemos un parto humanizado...

El momento de mayor indefensión en la vida de una mujer

Parir a su descendencia

Por: Gloria Comesaña Santalices*

En las últimas décadas, Marbella Camacaro, profesora titular de la Universidad de Carabobo, ha investigando sin descanso sobre el tema de los derechos sexuales y reproductivos. Durante los últimos años ha recolectado e interpretado los datos sobre el parto de la mujer obtenidos mediante un trabajo de campo que recoge en su obra “La Obstetricia develada: otra mirada desde el Género”, sobre la cual versa la edición de hoy.

Por primera vez en Venezuela, se plantea un trabajo de esta naturaleza, y desde la única perspectiva posible: la mirada feminista a través de la metodología de género. Y decimos la única perspectiva posible, porque obviamente, desde la profesión médica, un discurso y un análisis de esta naturaleza serían poco menos que imposibles, siendo la institución médica una de las más cerradas a toda crítica o autocrítica, lo cual rodea todos sus actos casi de una conspiración de silencio que nadie se atreve a romper.

Por eso este libro es tan importante, puesto que desmonta un discurso, el de la medicina obstétrica en este caso, y nos obliga a ver de frente algo que la mayoría prefiere soslayar: que el poder del que disfrutan los médicos/as, en este caso la rama de la obstetricia, se asienta y hace posible gracias al patriarcado.

De la experiencia de la mujer y de su conocimiento auténtico sobre lo que sucede en su cuerpo, la medicina oficial, patriarcal, hace caso omiso, puesto que a las mujeres sólo se les concede la palabra en este terreno, si son médicas, y si repiten a pies juntillas el discurso único autorizado.

Por otra parte, nos dice nuestra autora, desde la mirada cientificista y organicista del discurso médico obstétrico, las mujeres son vistas fundamentalmente desde una perspectiva biologicista como seres fundamentalmente sexuados, cuya función principal en este mundo, consiste en concebir y parir

Violencia obstétrica

Jamás, por otra parte, la práctica médica se reconoce culpable de problemas causados a los/as pacientes. En el caso de las mujeres nunca el cuerpo médico reconoce que, en numerosos casos, las complicaciones que sufren las mujeres durante el embarazo, el parto o el puerperio, o en todo caso, durante la solicitud de atención ginecológica, son consecuencia de intervenciones, tratamientos no necesarios, omisiones o diagnósticos incorrectos o agresivos.

Por otra parte, y si bien es cierto que los/as médicos/as en general, se consideran dotados de una autoridad absoluta que derivaría de su saber, razón por la que se sienten superiores a sus pacientes, y con derecho a tratarlos/as, con altanería, groseramente a veces, o como si fuesen infantes, esto se agrava en el caso de la relación entre el/la médico/a y la mujer, que particularmente durante el embarazo, y sobre todo en el parto, se encuentra en una situación de absoluta vulnerabilidad. Todas conocemos historias de mujeres que han sido maltratadas verbalmente por su médico/a cuando no han sido agredidas incluso físicamente.

Camacaro muestra los avances que en materia legal ha habido en nuestro país, a pesar de los cuales, la situación de las mujeres en general, y muy en especial en el caso que nos ocupa, no ha cambiado mucho, porque, además de que las leyes o normas no se cumplen, por falta de medios, por desinterés, o por desconocimiento, en el campo de la atención obstétrica es preciso vencer siglos de comportamientos anquilosados, y deshacerse de una ideología patriarcal que ve a las mujeres como objetos pasivos del discurso omnisciente de la medicina, que según sus detentores no amerita ningún cambio ni corrección.

Marbella Camacaro

Haciendo un recorrido histórico, nuestra autora nos muestra cómo a mediados del siglo XIX, la atención del embarazo, del parto y del puerperio, les fue arrebatada a las mujeres para convertirla en un acto medicalizado, que debe ocurrir dentro de la institución hospitalaria y bajo un control médico homogéneo, donde la mujer es además desposeída de su cuerpo y de su dignidad como persona.

Camacaro destaca cómo desde la consciencia adquirida a partir de la Teoría feminista, las mujeres investigadoras de estos temas, hacen un verdadero trabajo militante, al mostrar cómo en cada período histórico, apoyándose en la religión, o en la ciencia o en ambas, de lo que se ha tratado es de convencer a las mujeres de que son seres débiles, inferiores, destinadas a soportar la carga de la reproducción de la especie, y que además, deben estar agradecidas cuando las instituciones médico-hospitalarias, se apropian de sus cuerpos y de los de sus hijos/as, so pretexto de ayudarlas a llevar adelante eficazmente sus embarazos y partos, por el mejor bien de la humanidad, que es el señuelo con el cual elevan a la función maternal a un sitial en el cual ninguna humana real puede estar mucho tiempo.

Poder y medicalización

El punto álgido se alcanza en el capítulo titulado: “Deconstruyendo los simulacros hegemónicos”, en el cual la autora muestra y demuestra lo que constituye el punto central de su investigación: la forma en que la medicalización excesiva de la vida humana, y particularmente de los procesos de las vidas reproductivas de las mujeres, que no sufren de ninguna patología (menopausia, menstruación, embarazo, parto, lactancia), las somete a procedimientos y tratamientos que traen consigo secuelas negativas para su salud, debido a los tratamientos en sí mismos, pero también porque, al tratarlas como enfermas, las mujeres ven reducidas sus posibilidades “de valerse por sí mismas, dependiendo de una intervención técnico-médica para afrontar su vida sexual, reproductiva, síquica, y hasta cotidiana.”

A partir de allí Camacaro va desgranando la terrible letanía de las entrevistas a obstetras, residentes y pasantes, que muestran cómo, en los hospitales públicos, las mujeres, desde que llegan a parir, son atrapadas en un protocolo en el cual son tratadas como meros cuerpos que son manejados y manipulados siguiendo unas normas estrictas.

En ellas, poco cuenta la identidad de la persona, sus necesidades, su propio proceso en el acto de parir, y su derecho a no sufrir tratamientos o prácticas innecesarias, en medio de los cuales, además, las mujeres no pueden ni siquiera ver a sus hijos/as una vez nacidos/as, y mucho menos sentir su calor y darles el suyo.

Aunque en cantidad son menos, los testimonios de las mujeres son prácticamente todos horripilantes, corroborando de una manera terrible, porque lo han sufrido en carne propia, los testimonios del cuerpo médico de los que ya hemos hablado.

Con respecto a dichos testimonios, deja en claro la autora, que la fuerza de la razón tecno-científica en este campo es tan grande, “que logra anular en ellos/as, la posibilidad de contestación, de considerar críticamente su actitud, mediante el afianzamiento de una mentalidad que califica como impropio del hacer científico el reconocimiento de todo aquello que no se haya inscrito en ese saber/hacer.”

Incumplimiento a la ley

En la última parte de este capítulo, recoge la autora las quejas, rechazo e incomprensión de la gente médica (médicos/as, pasantes, residentes) con respecto a la nueva Ley sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia (2007), que incluye por primera vez la violencia obstétrica. En estas protestas queda ejemplificada la actitud prepotente e intolerante del cuerpo médico en general, frente a cualquier situación en la cual su práctica médica sea sometida a evaluación.

En las conclusiones, Camacaro expresa que con el apoyo de la nueva Ley sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, es mucho lo que aún falta por hacer para que las mujeres se empoderen, para que las embarazadas no sean vulnerables y tomen conciencia de sus derechos frente al poder patriarcal y médico en particular, y para que la institución médica sea capaz de reconocer a las mujeres como sujetas y dueñas de sus vidas, de sus cuerpos y deseos, y pongan sus conocimientos en diálogo con los suyos, para proporcionarles una verdadera calidad de vida.

*Profesora Titular de la Universidad del Zulia. Doctora en Filosofía (Universidad de Paris I, Panteón-Sorbona)

EL DERECHO DE ELEGIR UN PARTO RESPETADO

Cada vez más padres eligen que sus hijos nazcan en casa

Últimamente, muchas parejas y madres solas deciden dar a luz en sus hogares y no en hospitales o clínicas. El porqué de esta tendencia, la opinión de los especialistas y las historias de los matanceros que optaron por un alumbramiento de este estilo.

Por Natacha Misiak, Melisa Marturano y Alejandro Moreyra

Ángela mira a Anata con los ojos llenos de emoción. La estudia, la acaricia, la reconoce en cada gesto y se deshace de ternura cuando recuerda la tarde del 22 de abril pasado. Ese día, todo estaba listo para su llegada: las luces preparadas, el ambiente lleno de flores, rodeada de amigos y con la música adecuada para indicar que había un buen motivo para festejar: su llegada.

Finalmente, a las 15.35, madre e hija pudieron conocerse cara a cara, cuando, ubicada en la habitación que luego compartirían, esta mamá primeriza pudo recibir a su primogénita en sus manos. En ese momento, comprendió que elegir parir en su casa había sido una de las decisiones más importantes de su vida.

La elección de esta vecina de Laferrere es parte de la tendencia que siguen cada vez más padres, que buscan preservar este momento, el más íntimo de la pareja.

Sabia naturaleza
Este tipo de nacimientos, de los que no hay una estadística certera en el país, se hicieron conocidos como “partos humanizados”, debido a que, en ellos, prima la libertad de elección de la mamá o de la pareja. Así, ellos pueden decidir con quién estar y en qué posición acomodarse.

Los que defienden esta práctica niegan que implique “retroceder a la época de las abuelas”, como algunos critican, puesto que las mujeres son controladas exhaustivamente por los parteros que van a atenderlas el día del nacimiento, siempre y cuando su embarazo cumpla con la condición de ser “de bajo riesgo”.

“Si la mujer está acompañada por un profesional que la ve durante todo el embarazo, hay cosas que no llegan a ser riesgosas, ni mucho menos. Es una alternativa cuidada, porque no paren solas. Además, siempre se habla de un plan B, viendo los hospitales y clínicas cercanos, buscando las rutas de acceso más rápidas por cualquier eventualidad, es decir, todo se hace desde la responsabilidad”, asegura Francisco Saraceno, partero con diez años de experiencia que acompaña a quienes eligen esta opción.

“Cuando me enteré de que estaba embarazada, supe que la historia de parir en un hospital no me gustaba para nada; los mecanismos son muy invasivos y no respetan los procesos naturales del cuerpo de la mujer”, explica Ángela.

En ese sentido, los especialistas advierten acerca de la propensión a la medicalización en las instituciones, que lleva a acelerar la evolución natural del parto. “Hoy, ni en las clínicas ni en los hospitales, existen trabajos de parto de doce horas, sino que se apura ese proceso con drogas para que las contracciones sean más fuertes y rígidas. Esto puede hacer que el bebé tenga sufrimiento fetal. Así, el parto, que tiene un rito inigualable, se termina convirtiendo en un hecho burocrático”, critica Saraceno.

En su lugar, cuando se elige recibir al bebé en casa, los recursos son más naturales, como los baños de inmersión que disminuyen el dolor.

Parir con libertad
En el caso de Liliana y Alejandro, habitantes de Ramos Mejía, las motivaciones que los impulsaron a elegir el parto domiciliario para recibir a Ananda, que nació el 14 de julio, fueron otras. Hace cinco años, cuando alumbraron a Jonás, el primer hijo de la pareja, vivieron una situación que, para ellos, fue traumática. “En la semana 40 de gestación y tras un control, el obstetra decidió comenzar con el goteo para acelerar las contracciones, pero el trabajo de parto nunca empezó, entonces, me hicieron una cesárea que, para mí, fue innecesaria, porque tenía dos semanas más para que naciera”, recuerda la joven.

Para no repetir la experiencia, en su segundo embarazo, Liliana elegió parir en casa. “Acá, tuve la posibilidad de hacer lo que me hacía sentir mejor; me di tres duchas, caminé por toda la casa, puse música y, a pesar del dolor y las 26 horas que duró el trabajo de parto, fue lo más fuerte y animal que me pasó en la vida”, afirma emocionada. Su pareja, Alejandro, completa: “Fue algo maravilloso, es una experiencia única en la vida”.

En esa misma línea, son muchos los que aseguran que la cantidad de cesáreas forzadas que se practican van aumentando progresivamente, con las consecuentes secuelas que esto acarrea. “La cesárea es una cirugía maravillosa para salvar vidas, pero no como medio de nacimiento”, grafica Susana Rodríguez, que es partera desde hace 32 años e incursionó en los nacimientos domiciliarios hace cinco.

Mamá y papá protagonistas
Pero, además de elegir esta opción para evitar intervenciones apresuradas, hay parejas que lo hacen para sentir que son ellos quienes toman las riendas de la situación.

Ese fue el caso de Daniela y Gustavo, también de Ramos Mejía, quienes, con el nacimiento de su primera hija, que tuvo lugar en un hospital público, tampoco se sintieron del todo cómodos.

“Cuando di a luz por primera vez, estuve sola durante todo el trabajo de parto, rodeada de gente desconocida, y a Gustavo lo dejaron entrar solamente en el momento del nacimiento. Entonces, cuando me embaracé de Nube, empecé a darme cuenta de las cosas innecesarias que te hacen en el hospital, porque el mismo cuerpo se prepara, no tenés que adelantar las fechas”, analiza Daniela.

Para algunos profesionales, la realidad que se vive dentro de las instituciones se debe a las mismas características del sistema de Salud. “Hoy, la medicina privada tiene una demanda excesiva, los sanatorios siempre están llenos, y, también, hasta 2007, hacía 21 años que los profesionales cobrábamos los mismos sueldos; entonces, el propio sistema te lleva a la perversión de intentar hacer más partos en menos tiempo, es decir, se industrializaron los nacimientos”, reprocha Rodríguez.

Así las cosas, lo importante sería entender que no se trata de una pelea entre los pregoneros de los alumbramientos en casa y quienes procuran que no se altere la lógica institucional, sino de que se respeten los derechos de las madres y sus parejas a decidir dónde, cómo y cuándo se producirá el evento más maravilloso en la vida de las mujeres y también, por supuesto, de los hombres.

Letra ignorada
En 2004, el Senado Nacional sancionó la Ley 25.929 que fija los derechos de padres e hijos durante el nacimiento. La normativa establece que la madre puede elegir estar acompañada por quien ella elija y estipula que deben respetarse sus tiempos biológicos. Sin embargo, muchas veces, esta ley es ignorada por los profesionales que intervienen en estos procesos.

En La Matanza, la cantidad de cesáreas es alta, pero no como a nivel nacional

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo entre un diez y un 15 por ciento de los partos debería realizarse por cesárea. Sin embargo, las últimas cifras disponibles de la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la Nación indican que, en Argentina, en tres de cada diez nacimientos, se realizan cesáreas. “Sin ir más lejos, las autoridades del Sanatorio Mater Dei dijeron, en una reunión el año pasado, que realizan un 55 por ciento de intervenciones quirúrgicas y que, en diez años, van a llegar al 65 por ciento”, contó Rodríguez.

Pero, desde la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de la provincia de Buenos Aires (SOGBA), descartaron que esto suceda en el sistema de salud público bonaerense. “En todos los hospitales de la provincia, estamos haciendo partos humanizados y con la familia; en cambio, en las clínicas privadas, se está haciendo un 70 por ciento de cesáreas”, enfatizó Estela Acosta, prosecretaria de esta entidad, quien advirtió que parir en casa puede resultar riesgoso “ante la aparición de complicaciones de último momento”.

En la misma línea, el secretario de Salud local, Luis Eizaguirre, sostuvo que, “en La Matanza, solo un 23 por ciento del total de partos se realiza por cesárea, lo cual es un número bajo”.

¿Dulce espera?
De todos modos, Acosta admitió que la falta de personal médico y no médico en los hospitales bonaerenses, ocasionada por los bajos sueldos y la falta de nombramientos, puede afectar la atención que reciben las parturientas. “Hay centros de salud que tienen un solo médico de guardia y, para una cesárea, necesitás, como mínimo, dos”, reconoció.

Así, La Matanza no escapa a esta realidad, por lo que, de los 28.800 niños que nacen cada año en el Partido, solo 8.000 lo hacen en los hospitales locales.

Sin embargo, el funcionario desestimó que los partos caseros, a los que tildó de “descabellados”, sean una alternativa válida, porque “el nacimiento tiene que ser institucional; hacerlo en casa implicaría volver al siglo XIX”.

http://www.el1digital.com.ar/index.php?idPage=20&idArticulo=17809


La Herida Emocional

Una delgada línea rosa suele ser la única señal externa de la intervención. La cesárea deja otra herida mucho más difícil de curar y que ningún cirujano podrá coser.
Se produce conforme la mujer entra al quirófano para la intervención y puede permanecer abierta, años o toda una vida.
El mayor obstáculo para la curación de la Herida Emocional es el silencio con que se le rodea, la minimización o incluso la negación de su existencia.
Se puede manifestar con diferente intensidad a lo largo del tiempo. Muchas madres sólo empiezan a reconocer el dolor que les produjo la cesárea anterior cuando, años más tarde, consideran un nuevo embarazo.
Se menciona Herida Emocional al impacto psicológico que deja la cesárea en la madre. Desde el momento en que se hace un corte en el abdomen y en el útero de la mujer para que nazca su hijo, es decir, cuando nacer conlleva una alteración tan importante de la integridad física de la mujer, podemos saber que el impacto psicológico existirá.
La cesárea se vive de diferentes maneras para cada mujer, incluso opuestas. Pero la Herida emocional siempre esta presente, sólo que la asimilación es relativamente sencilla. La cesárea es, una renuncia y una pérdida de muchos aspectos relativos a cómo nos imaginamos como madres. La herida emocional va a tener, por ese motivo, mucho de duelo, de elaboración de esa pérdida, no sólo del parto soñado sino, en muchas ocasiones, también del primer abrazo, las primeras horas o incluso días de la vida del bebé, de la salud en el posparto, de un útero intacto, de ser considerada una mujer normal o sana en siguientes embarazos…
Factores que influyen en la herida emocional
Los factores obstétricos, es decir, los motivos que decidieron la cesárea y cómo se desarrolló la intervención.
A veces la situación de urgencia vital de temer por la vida propia o del bebé puede desencadenar un verdadero síndrome de estrés postraumático.
La calidad de la atención recibida es un aspecto crucial en la recuperación de la cesárea.
El parto, incluso si es por cesárea, es un momento muy íntimo y es preciso que los profesionales te respeten continuamente. Si fuiste partícipe de la decisión, bien informada de las opciones, es probable que te recuperes bien psicológicamente de tu cesárea.
Lo citado son extractos del Libro : ¿Nacer por Cesárea?: Evitar Cesáreas Innecesarias, Vivir Cesáreas Respetuosas. Olza Ibone y Lebrero Martinez, Enrique.
Que llegues a una instancia de "Cesárea necesaria" no implica que se pierde el mágico momento de recibir a tu bebé.
Informate para que respeten ese momento único para vos y tu familia!!!
http://www.grupo-renaciendo.blogspot.com/

Sin avances en mortalidad materna

Salud femenina / Según los registros de los últimos 20 años

Más de la mitad de las provincias supera el promedio nacional de muertes en el embarazo, el parto o el puerperio

Fabiola Czubaj
LA NACION

A diferencia de la reducción en la mortalidad infantil (aunque siempre insuficiente) , la cantidad de muertes maternas en el embarazo, el parto o el puerperio no siguieron una tendencia descendente en estos veinte años. Es más: ayer, en el lanzamiento de una línea gratuita (0800-222-3444) para consultas sobre salud sexual, funcionarios del Ministerio de Salud la consideraron "una deuda" del sistema sanitario.

Y no es para menos: en más de la mitad de las provincias la mortalidad materna supera el promedio nacional, que es de 40 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos (300 muertes por año en el país), mientras que en Uruguay es de 15 y en Chile, de 19,8/100.000 bebes. Es más, tres de las trece provincias con más problemas duplican aquella tasa promedio. Son Chaco (82), Jujuy (100) y Formosa (115).

"En los últimos diez años, la mortalidad materna nacional no ha mostrado descensos significativos y algunas provincias tienen valores dos veces mayores, una muestra indiscutible del retraso en la implementació n de acciones integrales sostenidas, basadas en las evidencias y acompañadas por la movilización comunitaria" , afirman en un informe el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), el Centro Rosarino de Estudios Perinatales (CREP) y el Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina.

Hoy, las tres entidades lanzarán el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (Ossyr). Ese y otro informe sobre las intervenciones más efectivas para reducir la mortalidad materna estarán disponibles en www.ossyr.org. ar .

Hace diez días, en Ginebra, el ministro de Salud aseguró en la 63a. Asamblea de la Organización Mundial de la Salud que, en la última década, mejoraron los indicadores de salud. "Detalló el impacto de los planes y programas que implementa el Ministerio de Salud, como Remediar o el Plan para la Reducción de la Mortalidad Materno-Infantil, de las Mujeres y las Adolescentes, que contribuyen con el cumplimiento de uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como es la disminución de los índices de la mortalidad materna e infantil", se informó entonces en un comunicado de prensa.

Aunque LA NACION no pudo acceder a esos datos, fuentes oficiales aclararon ayer que se trató, en realidad, no de la reducción de los índices, sino de "mejoras generales respecto de años anteriores" y que "los índices de mortalidad materna siguen siendo altísimos, teniendo en cuenta que la mayoría corresponde a muertes prevenibles" . Hoy, en el Paseo La Plaza, en una reunión para conmemorar el Día de Acción Internacional por la Salud de la Mujer, autoridades de Chaco, Formosa y Jujuy se comprometerán a mejorar los servicios de salud.

Sin cambios...

Las causas de la mortalidad materna en el país no varían desde hace años. Según un relevamiento presentado la semana pasada por la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Buenos Aires (Sogiba), son el aborto, la hipertensión en el embarazo, la hemorragia posparto, las infecciones por el parto vaginal o la cesárea y los traumatismos en el parto.

Otro hallazgo preocupante fue que, en la Capital por cada muerte materna hay dos que no se registran como tales. Este subregistro aumentó en las últimas dos décadas, según el estudio sobre más de mil muertes maternas y de la revisión de 400 historias clínicas en los hospitales públicos y privados porteños. "Es un indicador grosero de un problema de calidad de la atención. Y eso que se trata de la ciudad de Buenos Aires, que tiene uno de los mejores indicadores del país", afirmó el doctor Jorge Vinacur, presidente de la Sogiba.

A pedido del Ministerio de Salud porteño, la entidad elaboró recomendaciones, que se presentarán en el 28° Congreso Internacional de Obstetricia y Ginecología.

Y a mejorar la calidad de la información necesaria para tomar decisiones en salud pública apunta el trabajo de los investigadores del observatorio. "Los datos están, pero en un formato no comprensible para quienes toman las decisiones -dijo la doctora Mariana Romero, del Cedes/Conicet- . No todos los hospitales informan ni lo hacen según un mismo patrón. Y con 300 muertes maternas anuales, podríamos hacer un seguimiento caso por caso para conocer la ruta que siguió cada mujer. Permitiría reducir la mortalidad y saber si fue por la falta de atención o por determinantes sociales, por ejemplo."

El análisis del Ossyr detalla los resultados obtenidos por lo que ellos consideran "la única política pública de la última década" para reducir la mortalidad materna y la brecha entre las provincias. Fue el Plan Federal de Salud 2004-2007, que se propuso reducir un 20% la mortalidad materna nacional y un 50% los decesos en Chaco, Formosa, Jujuy y Santiago del Estero. Sin embargo, el plan finalizó con un aumento del 1,6% en las cifras que debía corregir. En Formosa y Jujuy la mortalidad materna siguió creciendo: por ejemplo, una embarazada tiene 20 veces más riesgo de morir en Formosa que en la ciudad de Buenos Aires.

Sin embargo, la doctora Ana Langer, presidenta de EngenderHealth, es optimista. "A pesar de que la mortalidad materna no baja como quisiéramos, la Argentina está a años luz de la mayoría de los países de la región", dijo la titular de la ONG neoyorquina que hace 65 años busca mejorar la calidad de la salud materna y reproductiva en 25 países.

Langer, que elogió la capacidad técnica del Ossyr, sugirió allanar el acceso a los hospitales y controlar la calidad de la atención. "Creo que fallan también las medidas preventivas del embarazo y la proporción tan alta de muertes por complicaciones del aborto -dijo-. El Gobierno no tuvo ni tiene una política activa para ofrecer la planificación familiar a la población. La anticoncepció n previene embarazos no planificados, a edades muy tempranas o tardías, que son los más riesgosos, y las muertes por las complicaciones del aborto."

En América, sólo en nuestro país, en Jamaica y en Trinidad y Tobago el aborto es la primera causa de muerte materna. Según el Ossyr, provoca el 26,7% de los decesos.


FRENAR LA VIOLENCIA OBSTETRICA EN LA ARGENTINA

Perla Pascarelli ya tenía dos mellizos de once años y una nena de siete. Fue a tener a su cuarto hijo en el Hospital Durand en mayo del 2007. Terminó con una infección que le costó la amputación de sus dos piernas y sus dos brazos. Nunca pudo alzar en brazos a Santino, su hijo de tres años, que hoy la ve con garra para luchar pero absolutamente impedida de moverse, acunarlo o correrlo por la plaza. Perla sufrió una mala praxis en la cesárea. Y no es un caso aislado, sino una alarma sobre la mala atención a las parturientas en la Argentina. Para que el caso de Perla obtenga amparo en la Justicia y no se repita, para que no haya más Perlas, es que se conmemora la Semana Mundial del Parto Respetado, desde el 16 al 23 de mayo. Entre otras actividades, se va a realizar hoy, viernes 21 de mayo a las 18, en la sala Regino Maders, de la Legislatura de Córdoba (Deán Funes 94, 1er piso) el panel “Nacimiento traumático, cómo evitarlo. Nacimiento placentero, cómo lograrlo” organizado por el Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del Siglo XXI y la Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y el Nacimiento (Relacahupan) . El encuentro contará con la presencia de Marcela Miravet (directora de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la provincia de Córdoba); Jorge Pronsato (Médico perinatólogo) ; Sonia Cavia (Doula); Celsa Bruenner (Médica obstetra) y Diana Rosenmeyer (integrante de Relacahupan) . La semana mundial del parto respetado se viene celebrando en distintos países del mundo, desde el año 2004, por iniciativa de la Asociación Francesa por el Parto Respetado. Esta conmemoración tiene como fin la concientizació n acerca de los derechos de las mujeres a la hora de dar a luz y la importancia de garantizar una asistencia segura, respetuosa de la fisiología femenina y las pautas culturales, así como del vínculo precoz madre-hijo. “Desde el año 2004 hay una Ley Nacional (25.929) que puntualiza el derecho de la parturienta a estar acompañada por una persona que la mujer elija. Sin embargo, sólo un 10,9 por ciento de las mujeres que parieron en la Ciudad de Buenos Aires estuvo acompañada en el parto y un 17,7 por ciento en el trabajo de parto, según una encuesta realizada en el año 2008, en 82 hospitales de Pcia. de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires, con una muestra de 12.089 mujeres”, informa Sonia Cavia. Los derechos existen. Pero no se cumplen. “El parto comenzó a realizarse en hospitales a principios del siglo XX para disminuir la mortalidad materno-neonatal, pero en ese contexto se instaló la idea de que se trataba de algo parecido a una enfermedad. Las familias en general, y las mujeres en particular, perdieron protagonismo en el hecho más trascendental de sus vidas y aceptaron las reglas de las instituciones” , sostiene nada menos que el Ministerio de Salud de la Nación en un comunicado de adhesión a la semana del parto respetado. El organismo del Estado remarca: “El concepto de maternidad centrada en la familia presupone un cambio de paradigma asistencial para sumar a la tecnología el aspecto humano. El parto humanizado es, por definición, aquel en el que se respeta a los protagonistas y se las acompaña en la toma de decisiones seguras e informadas sobre este evento vital familiar”.

Informes:
Ministerio de Salud de la Nación:
www.msal.gov. ar
Subsecretaría de Derechos Humanos de Córdoba. Tels.: (0351) 4341502/04 internos 102/107 / (0351) 153843675 / (0351) 153115716.
Email:
subsecreddhhcba@ gmail.com
Semana Mundial por un Parto Respetado: www.relacahupan. org
Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del Siglo XXI:
www.escueladeparter as.com.ar

Reeducación perineal psicosexual: nuevas terapias en favor del placer

Las mujeres conocemos poco nuestros cuerpos, y hasta nos cuesta nombrar algunas partes. Desde la sexología y la psicología, avanzan propuestas para tratar problemas --como la incontinencia urinaria, el vaginismo y la dispareunia-- y mejorar la calidad de nuestra vida sexual.

Georgina Elustondo
gelustondo@clarin.coM
Por pudor, por ignorancia o por infinidad de tabúes que, durante siglos, pusieron distancia entre nosotras y nuestros cuerpos, las mujeres conocemos poco (y, muchas veces, mal) nuestros órganos sexuales y genitales, nuestros rincones más íntimos. Ni siquiera sabemos muy bien cómo nombrar el pubis y la vagina porque la cultura, hilvanada a lo largo de un sinfín de generaciones, se encargó de llenar algunas palabras de vergüenza y nos privó hasta la posibilidad de llamar a las "cosas" por su nombre.

"Ahí abajo" es, todavía y para muchísimas mujeres, un territorio de ajenidad. "Parece algo del pasado, pero no lo es. Nos sigue sorprendiendo encontrar una enorme cantidad de mujeres, de distintas edades, que no saben siquiera cómo se llaman sus órganos sexuales. Muchas jamás se han mirado con un espejo para reconocerse, para aprenderse. Sigue habiendo mucho pudor y mucho silencio en torno a estos temas", dice Viviana Tobi, psicóloga, sexóloga, al frente de Tobi Natal (www.tobinatal.com.ar), un instituto que nació ligado a los temas y problemáticas relacionados a la maternidad y que hoy amplía sus horizontes hacia todo lo que involucra al cuerpo de la mujer y a la pareja en general.


En ese marco, impulsa una nueva terapia orientada al tratamiento de diferentes trastornos, como la incontinencia urinaria, el prolapso, el vaginismo y otras disfunciones sexuales. Se llama "educación perineal", y es una propuesta para que la mujer se encuentre con una zona de su cuerpo de vital importancia para su genitalidad y su salud sexual. "Brinda la posibilidad de recuperar la conciencia de una zona del cuerpo fundamental de sostén y pasaje como es el suelo pélvico, y apunta a promover un mayor conocimiento a favor de una mejor vida sexual", explica Tobi.

Nuestro cuerpo

Empecemos por el principio: "ahí abajo" las mujeres tenemos el pubis (la vulva, el Monte de Venus), los labios internos y externos, la vagina, el clítoris, la uretra, el periné y el ano. Tenemos distintos esfínteres y diferentes músculos pelvianos. Y tenemos, a su vez, los órganos sexuales internos, más ligados a la reproducción: los ovarios, el útero y las trompas de Falopio.

Un buen lugar en la web para sumergirse en las profundidades del cuerpo femenino es una guía interactiva de la BBC de Londres. Otra opción en Internet para aprender sobre nosotras y charlar del tema con nuestras hijas es Practicopedia.com. Allí un excelente video muestra cómo funciona el aparato reproductor femenino.
El periné o perineo es un músculo que sostiene los órganos situados al nivel de la pelvis. Es muy pequeño, pero aguanta el peso de varios órganos, interviene en la expulsión de las heces, los gases y la orina y, gracias a él podemos, expandir o contraer la vagina durante las relaciones sexuales. Por eso es importante conocerlo, "manejarlo" y tonificarlo.

Una de las ventajas de desarrollar la capacidad de activar ese músculo a conciencia es resolver problemas de incontinencia urinaria, un problema que afecta a entre un 20 y 30% de las mujeres al levantar peso, correr, saltar, toser o estornudar. "Esto se debe al aumento de la presión abdominal sobre la vejiga cuando los músculos del suelo pélvico están debilitados. Esta disfunción de los músculos del periné suele presentarse aún con mayor frecuencia durante el embarazo, el post parto y a partir de la menopausia", dice Tobi.

El trabajo sobre el suelo pelviano también permite resolver disfunciones sexuales. "Los músculos pubocoxígeos juegan un papel central en la vida sexual de la mujer por dos motivos: deben ser capaces de relajarse para permitir una penetración vaginal placentera, y deben tener, a la vez, una buena tonicidad para lograr una respuesta orgásmica satisfactoria", precisa la sexóloga.

Los sexercicios de Kegel

Esto fue lo que descubrió el doctor Arnold Kegel a mediados del siglo pasado, cuando desarrolló sus ejercicios de fortalecimiento muscular del periné. Comprobó que sus pacientes no sólo resolvían problemas de incontinencia urinaria sino que comenzaban a tener mayor frecuencia e intensidad en los orgasmos, y algunas reportaban incluso haberlo experimentado por primera vez.

Desde entonces, la práctica de los ejercicios Kegel (o los "sexercicios", como se los llamó también), pasó a ser un recurso básico en los tratamientos de disfunciones sexuales, dificultades orgásmicas femeninas y hasta para el control eyaculatorio en las consultas por eyaculación precoz masculina.

La forma en que aborda el tema el Centro de Educación Perineal Psicosexual (CEPPS) de Tobi Natal es transdisciplinaria. Hay talleres grupales, consultas individuales y un novedoso programa de educación perineal psicosexual, apoyado en un equipo de "biofeedback" o retroalimentación, que está conectado a una computadora con un software específico y permite medir y observar en pantalla la respuesta fisiológica de cada mujer ante determinados estímulos. "Esto representa un incentivo importante para la practicante ya que al visualizar su esfuerzo, puede mantener y reorientar la localización de su trabajo", explica Tobi.

"Cuando la mujer tiene dificultades para realizar las contracciones por sí misma, se recurre a una electroestimulación pasiva, que ayuda además a rehabilitar una musculatura debilitada. Se emplea para ello una amplitud de intensidad tolerable, que no produzca dolor", agrega.
Los tratamientos incluyen videos y material didáctico orientados a aprender sobre el propio periné y el significado que éste tuvo en la historia psicosexual personal. A loa largo de las sesiones, se realizan ejercicios de vitalización perineal, respiratorios, posturales y de la llamada "gimnasia abdominal hipopresiva", que resultan muy eficaces si se practican con regularidad.

Otros recursos en los que se apoya el tratamiento son los conos vaginales, los huevos de jade, o los ejercitadores pélvicos, que pueden resultar muy útiles para seguir ejercitando en casa. "Todos estos ejercicios ayudan a irrigar la zona genital, a aumentar la tonicidad y vascularización de la vagina, a familiarizarse con el contacto de la zona y a incrementar las posibilidades de acceder al climax sexual, para vivir orgasmos más intensos y recuperar la confianza en la propia genitalidad durante las relaciones sexuales", propone Tobi.

Si bien está dirigido a las mujeres en cualquier momento de sus vidas, está especialmente recomendado durante el post-parto, a partir de la menopausia y a mujeres con vaginismo y que sufren dolor durante las relaciones sexuales.

FUENTE:www.entremujeres.com