Acto del lunes 8 de marzo:




Día internacional de la Mujer Trabajadora.
hora:18 a 20.30
lugar: Plaza Congreso

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proyección de cortos
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En marzo comienza nuestra campaña SUMATE!

Se acerca el 8 de marzo, un poco de historia




8 de Marzo - Como hace 100 años: Día internacional de la mujer trabajadora

Ester Kandel (especial para ARGENPRESS.info)


Un poco de historia


De los registros históricos surge que hubo varias movilizaciones de obreras de la industria textil en Estados Unidos: una de ellas en 1857 y la otra en 1908, esta última en la fábrica Cotton Textile Factory de Nueva York, donde las obreras solicitaban jornada laboral de diez horas, descanso dominical e igual salario por igual trabajo. La respuesta al reclamo fue el incendio en la fábrica y la muerte de las 129 obreras.


En 1910 durante la Segunda Conferencia de Mujeres socialistas, llevada a cabo en Copenhague, Dinamarca, se aceptó la propuesta realizada por la dirigente alemana Clara Zetkin, para conmemorar ese día como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.


Estas luchas se daban en el marco de protestas, reclamos y resoluciones, en otros países, que tuvieron un hito en el Congrés International du Ouvrier Socialiste realizado del 12 al 14 de junio de 1889 en París. Participó Alejo Peyret por los “groupes” socialis-tas de Buenos Aires. Se discutió un programa de reclamos de legislación social en el cual señalaba una de las resoluciones: “Después de afirmar que la emancipación del Trabajo y de la Humanidad no puede salir más que de la acción internacional del prole-tariado organizado en partido de clase, apoderándose del poder político por la expropia-ción de la clase capitalista y la apropiación social de los medios de producción capitalis-ta, que implica la explotación creciente de la clase obrera por la burguesía; que esta ex-plotación, cada día más intensa, tiene por consecuencia la opresión política de la clase obrera, su servidumbre económica y su degeneración física y moral; luchar por todos los medios a su alcance contra una organización social que los aplasta y al mismo tiempo, que amenaza el libre desenvolvimiento de la Humanidad; que de otra parte, se trata ante todo de oponerse a la acción destructora del presente orden económico; decide una le-gislación protectora y efectiva del trabajo, reclama como base:


• la limitación de la jornada de trabajo a ocho horas;


• la prohibición del trabajo infantil;


• el reposo ininterrumpido de 36 horas;


• igual salario por igual trabajo (trabajo femenino)


Se resuelve consagrar a partir del año siguiente, el 1º de Mayo, jornada de pro-testa de los trabajadores, en recuerdo de la huelga revolucionaria de Chicago de 1886, que había concluido trágicamente con la condena a muerte de los obreros anarquistas Albert Parsons, August Spies, Adolph Fischer y George Ángel.


En nuestro país se conmemoró el 1º de mayo y se elevó un petitorio de reivindi-caciones, aunque recién en 1904 se inició la discusión en el parlamento, de un Proyecto de Ley Nacional de Trabajo al cual, como contenía una cláusula represiva, las organi-zaciones obreras se opusieron. Dada esta situación el Partido Socialista fue proponien-do proyectos de ley, como por ejemplo, el descanso dominical, y la Ley de Trabajo de mujeres y menores, sancionadas la primera en 1905 y la segunda en 1907.


Me detendré en algunas consideraciones sobre la segunda.


El desarrollo del sistema capitalista en Argentina seguía las pautas de los países más avanzados, al incorporarse al mundo, lo hacía con las concepciones que regían en ellos.


La economía política concebía las relaciones laborales de las mujeres teniendo en cuenta distintos aspectos:


• la segregación sexual


• el salario


• la clasificación sexual de los empleos: las prácticas de los empleadores


• categorías y jerarquías


• legislación protectoria


• la prohibición del trabajo nocturno


En la publicación de la Federación Obrera Argentina (FOA) El obrero N° 14, del 28/3/1891 se señalaba:


“Con la grande industria se ha generalizado el trabajo de las mujeres en las fábricas y en los talleres, junto con el trabajo de los niños, porque en cantidad y calidad iguales, el trabajo de la mujer está menos retribuido que el hombre. El desarrollo de la industria mecánica ha ensanchado la esfera estrecha en que la mujer estaba confinada, la ha libe-rado de las antiguas funciones domésticas, y al suprimir el esfuerzo muscular, la ha hecho apta para las faenas industriales, la arrancó del hogar doméstico y la arrojó en la fábrica, poniéndola al nivel del hombre ante la producción, pero sin permitir que escape de la dependencia masculina, ni admitiendo su emancipación como obrera para igualar-se socialmente con el hombre y para ser dueña de sí misma.”


Esta situación, del trabajo en la industria, planteó temas y problemas nuevos. Podemos afirmar que la lucha por la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres, en el ámbito laboral, la encontramos desde los inicios de la organización del movimien-to obrero, propugnando entre otras reivindicaciones, la igualdad salarial y el acorta-miento de la jornada de trabajo. Las condiciones de trabajo, las largas jornadas agotado-ras, afectaban la salud y en algunos casos destruía los cuerpos de varones y mujeres, de ahí que las sucesivas propuestas legislativas apuntaban a revertir las condiciones en que se vendía la fuerza de trabajo.


En nuestro libro sobre la Ley de trabajo de mujeres y menores que en 2007 cum-plió un siglo, declaramos:


Desde una mirada que abarque las relaciones de clase y de género, podemos de-cir que la problematización del trabajo asalariado femenino, comenzó en los inicios del siglo XX, vinculado a la construcción de un ideal maternal, así como los debates sobre el tipo de educación que debían recibir las mujeres, se iniciaron en el siglo XIX.


¿Cuáles eran los hechos objetivos?


Como lo señala José Panettieri (1984) “la explotación del trabajo de mujeres y menores se puso de manifiesto con el surgimiento de las primeras fábricas en el país en los últimos años del siglo pasado.” Lo observable era la doble jornada laboral de la mu-jer, 14 a 16 horas en talleres y fábricas y el resto en su hogar.


Es interesante conocer la evolución que marca el historiador inglés E. Hobsb-wam al diferenciar la protoindustrialización de la industrialización posterior, pues la transformación económica –no necesariamente para mejor- fue el crecimiento de la in-dustria doméstica para la venta de productos en mercados más amplios. En la medida en que esa actividad siguió desarrollándose en un escenario que combinaba el hogar y la producción externa, no modificó la posición de la mujer, aunque algunas formas de ma-nufactura doméstica eran específicamente femeninas (por ejemplo, la fabricación de cordones o el trenzado de la paja) y por lo tanto otorgaba a la mujer rural la ventaja, relativamente rara, de poseer un medio para ganar algo de dinero con independencia del hombre. No obstante, lo que provocó, por encima de todo, el desarrollo de la industria doméstica fue cierta erosión de las diferencias convencionales entre el trabajo del hom-bre y la mujer y, sobre todo, la transformación de la estructura y la estrategia familiar. (…)Los mecanismos complejos y tradicionales para mantener un equilibrio durante la siguiente generación entre la población y los medios de producción de los que dependí-an, controlando la edad y la elección de los cónyuges, el tamaño de la familia y la herencia.”


Esta industria en las postrimerías del siglo XIX estaba en retroceso frente a la manufactura en gran escala y el mismo autor trata de caracterizar lo nuevo de esta for-ma:


“La segunda y gran consecuencia de la industrialización sobre la situación de la mujer fue mucho más drástica: separó el hogar del puesto de trabajo. Con ello excluyó en gran medida a la mujer de la economía reconocida públicamente –aquella en la que los individuos recibían un salario – y complicó su tradicional inferioridad al hombre mediante una nueva dependencia económica. (…)El objetivo básico del sustentador principal de la familia debía ser conseguir los ingresos suficientes como para mantener a cuantos de él dependían (…)


Los ingresos de los otros miembros de la familia eran considerados suplementa-rios y ello reforzaba la convicción tradicional de que el trabajo de la mujer (y por su-puesto de los hijos) era inferior y mal pagado” (…)


Sobre la situación de la mujer el historiador afirma que “es poco lo que puede decirse sobre ellas que no pudiera haberse afirmado en la época de Confucio, Mahoma o el Antiguo Testamento. La mujer no estaba fuera de la historia, pero ciertamente estaba fuera de la historia de la sociedad del siglo XIX.”


Volviendo a nuestro país


Las mujeres que se empleaban como obreras también eran requeridas por las se-ñoras burguesas como empleadas domésticas, además de ser descalificadas, llamándolas prostitutas o fabriqueras.


Con el desarrollo de la gran industria, el trabajo doméstico quedó invisibilizado entre la naturaleza y el amor de las mujeres. El trabajo urbano a domicilio se mantuvo y en algunos casos creció, porque abarataba costos de producción y porque permitía a las mujeres compatibilizar, en el espacio y el tiempo, trabajo doméstico y trabajo asalaria-do. “Emplearse en fábricas y talleres era incompatible con la maternidad, con la nueva imagen de madre nodriza, cariñosa, altruista y siempre unida a su hijo por un cordón.”


Problematizar el tema implicaba el reclamo de:


• el reconocimiento de su rol materno, plasmado en un proyecto de ley, que admi-tía la necesidad de no concurrir por treinta días al lugar de trabajo después del parto


• la posibilidad de amamantar


La justificación del aporte de la mujer era contradictoria; desde el punto de vista de los empleadores, los favorecía, pues retribuían menores salarios que a los varones y desde la visión que se tenía del rol de la mujer, se aceptaba su inserción laboral como un mal necesario. La maternidad era concebida como un hecho natural.


El Estado reforzaba el estatus secundario de su actividad productiva.


A un siglo


Los cambios son evidentes, y los comprobamos cotidianamente, pero no pode-mos dejar de señalar los problemas que persisten, agravados por la exclusión social y fragmentación de la población, de ahí que destaquemos algunos rasgos actuales como:


• la precarización laboral


• la discriminación directa e indirecta en el campo laboral, a través de secciones de mujeres, menos calificadas y por lo tanto con remuneraciones menores;


• las dificultades para acceder a puestos de mayor jerarquía,


• la dificultad para compatibilizar la vida laboral con la familiar, dada la despro-tección estatal en lo que se refiere a instituciones de crianza para la primera in-fancia,


• el no reconocimiento de la licencia por paternidad (existen propuestas de 15 dí-as).


Un ejemplo que ilustra algunas de las situaciones que padecemos las mujeres:


Por ejemplo este aviso:


SOLICITAN EMPLEAR MUJERES CON “MATERNIDAD RESUELTA”


El aviso clasificado fue publicado el viernes 14 de septiembre de 2007 en el diario El Sur de Villa Constitución. La oferta de empleo: “Empresa de electrónica seleccionará personal femenino para su departamento de control de Calidad”. Entre los requisitos figuraba “maternidad resuelta, buena predisposición para trabajar en equipo y bajo pre-sión (excluyente), dedicación Full- time (horario de 8.00 a 18.00) conocimiento de PC.


Desde el diario Rosario 12 se comunicaron con la empresa y conversaron con el ge-rente Jorge Gentili, quien explicó que el único objetivo del aviso era “evitar que se pre-sentaran chicas embarazadas”. Indicó que su empresa tiene como política otorgar un mes más de licencia por maternidad a los tres dispuestos por ley (…) Han venido chicas embarazadas, y eso es un problema.


Por lo tanto sobre la “maternidad resuelta”, alegó al tener que exportar, se le complica tomar gente nueva para explicar el trabajo y en cuanto a la expresión bajo presión, sig-nificaba la capacidad de responder a “mucha acción de trabajo”.


En cuanto a la redacción del aviso, afirmó Gentile: “Quizá me haya equivocado en la forma de expresarlo”. En este marco, consideró que “el tema de la discriminación en Argentina es hipócrita, porque muchas cosas no se expresan pero se hacen igual. Este empresario PyME, al finalizar la entrevista, manifestó: “te puedo asegurar que no soy nada discriminatorio, no ejerzo ninguna presión”.


Algo de estadística


Aunque la palabra actualmente produce desconfianza, estos datos marcan la tendencia.


Un estudio reciente, basado en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EHP), realizado por el centro de estudios IDESA señala:


Se discrimina más por la maternidad que por el sexo, la pregunta ¿tenés hijos? marca un rumbo en la entrevista laboral.


Acerca del salario se indicaba que la remuneración promedio de bolsillo de los ocupados varones era de 1910 pesos; entre las mujeres ocupadas sin hijos era de 1660 pesos y para las ocupadas con hijos, el sueldo promedio bajaba considerablemente a 1352 pesos.


La desocupación tiene cara de mujer : el último dato oficial de desempleo sitúa la tasa general en 9,1%. Mientras el 8,3% de los varones figura como desocupado, la falta de trabajo afecta al 10,1% de las mujeres. Según IDESA, el segmento en el que están comprendidas las mujeres con hijos tiende a presentar menores tasas de desem-pleo. Esto se debe a que, por atender a la familia, las madres tienen menos posibilidades de salir a trabajar, por lo que se vuelven inactivas desde el punto de vista de la encuesta permanente de hogares (EPH.).


Por último, aquello que afecta por igual a las trabajadoras remuneradas y no re-muneradas, entre las diversas formas de maltrato, es la opresión.


El 8 de marzo de 2009, Eva Giberti hacía referencia en un artículo al término opresión - palabra del siglo XV que viene del latín exprimir, estrujar y apretar – mos-trando su aparición tardía con la significación actual, políticamente relevante, para indi-car el sojuzgamiento al cual se somete a personas y poblaciones que carecen de defensa. Hoy, un paradigma de la opresión del género mujer consiste en matarlas, golpearlas, esclavizarlas mediante la trata sexual, abusarlas y violarlas desde que son niñas.


Estas prácticas no constituyen novedad. Lo paradojal reside en que, a la par de los derechos que se conquistan, se evidencia como dato internacional la persistencia de violencias delictivas contra las mujeres.


Y podemos agregar en nuestro país, el flagelo de muertes de mujeres por abortos clandestinos, sin política para enfrentarlo.


Teniendo en cuenta los aspectos señalados, los organismos internacionales OIT, PNUD y NACIONES UNIDAS, hacen recomendaciones a los gobiernos para revertir estas situaciones.


El cumplimiento de las mismas tiene muchas limitaciones, si consideramos que vivimos en una sociedad donde predominan las relaciones desiguales e injustas y la falta de políticas efectivas y no retóricas, a las que nos tienen acostumbrados.


Como hace 100 años tenemos que exigir:


• la limitación de la jornada de trabajo a ocho horas;


• la prohibición del trabajo infantil;


• el reposo ininterrumpido de 36 horas;


• igual salario por igual trabajo (trabajo femenino)


Y además, políticas efectivas a favor de:


• trabajo digno


• atención a la primera infancia (jardines matenales y/o infantiles)


• educación sexual para decidir


• anticoncepción para no abortar


• aborto legal, seguro y gratuito para no morir


Y en contra de:


• el acoso sexual en el trabajo


• la violencia familiar


• la violencia sexual


• la trata de mujeres y niñas


Reconocemos que existen denuncias, protestas y propuestas, que en general se hacen desde distintos movimientos de mujeres.


Hasta este momento se realizan estos reclamos en forma fragmentada, y queda pendiente aglutinarse con los otros movimientos sociales que luchan por pan, trabajo, salud, educación, vivienda, recuperación del patrimonio nacional y por libertad y demo-cracia sindical o como señala Hugo Gambina en un artículo del 14 de febrero: “el pro-blema es el ‘modelo productivo’ capitalista, lo que supone decisiones mercantiles ava-ladas por un régimen legal y una política (económica) que no discute los modos para asegurar Soberanía Alimentaria (también energética y financiera), lo que pondría en discusión el régimen de propiedad de la tierra y la dominación monopolista en el enca-denamiento productivo que dirigen las transnacionales de la alimentación y la tecnolo-gía para su producción”.

WANDA TADDEI




Por qué hay que seguir investigando
Por S.CH. | 24.2.2010

El domingo a la madrugada murió Wanda Taddei,

internada el 10 de febrero con el 60% del cuerpo

quemado en un episodio aún no esclarecido de

violencia de género del que fue partícipe su marido,

Eduardo Vázquez. Tres especialistas explican sus

dudas frente a la liberación del hombre ordenada

por el juez y proponen un nuevo análisis de los

hechos a la luz de la perspectiva de género.

El 10 de febrero, Eduardo Vázquez quedó detenido

acusado haber intentado asesinar a su esposa, Wanda Taddei,

rociándola con alcohol y prendiéndole fuego. La detención se

produjo después de que Vázquez llevara a Taddei quemada

al hospital. Los dos fueron atendidos: él tenía quemaduras

leves en las manos y su tratamiento siguió por consultorios

externos, ella tenía lastimado el 60% del cuerpo y fue internada

en terapia intensiva con un coma inducido.

Taddei había hecho denuncias previas de violencia de género

contra Vázquez, que también recibió una acusación por

violencia ante la justicia por parte del ex esposo de Taddei.

La detención de Vázquez del 10 de febrero fue hecha en base

al relato que hizo un policía del testimonio de una médica

que habría dicho que Taddei cuando llegó al hsopital

incriminó a Vázquez. Luego la médica negó haber visto

a Taddei conciente y el policía cambió su declaración.

A esto se sumó la declaración del mismo Vázquez, que

dijo que Taddei se quemó accidentalmente mientras

intentaba ayudarlo a él. Con ambos elementos, el fiscal

del caso elaboró un dictamen en el que sugería dejar a

Vázquez en libertad.

El juez que, primero, decidió no atender ese dictamen

y ordenó que Vázquez siguiera preso, lo liberó el viernes

19 porque las pruebas reunidas no permitían inculparlo

aunque tampoco desvincularlo de la causa. El domingo

21 a la madrugada Taddei murió. Sin embargo, es probable

que su familia se presente como querellante en la causa

con algunos elementos nuevos que inculparían a Vázquez.

Más allá de estas posibles pruebas, tres especialistas en

temas de género transmiten su sensación frente al hecho,

a la liberación de Vázquez y a la posibilidad de analizar la

situación teniendo en cuenta el enfoque de género.

María Elena Naddeo (diputada de la Ciudad

de Buenos Aires -Diálogo por Buenos Aires):

'La muerte de Wanda Taddei, la previa excarcelación

de su marido Eduardo Vázquez, y los comentarios periodísticos

acerca de una posible ‘falta de mérito’ en la causa judicial

-con su consiguiente y posible archivo-, nos llenan de

consternación.'

'Es difícil brindar opinión en un crimen cuyas circunstancias

conocemos por noticias periodísticas, pero hay algunos datos

objetivos que deben ser resaltados.
Fundamentalmente, el hecho, reconocido en todas las versiones,

de que el incendio, el fuego en el cuerpo de Wanda, se produjo en circunstancias de una típica escena de violencia, en medio de una

pelea ‘conyugal’. Una discusión fuerte, gritos, objetos arrojados al

aire, luego el fuego, las lesiones, y una víctima gravísima, la mujer

golpeada. No hay testigos, pocas veces hay testigos, siempre es el

relato de la víctima contra el relato del agresor. Y en este caso la

víctima no pudo expresarse con claridad.'

'Este es uno de los problemas, de las tramas o trampas de la justicia:

si la víctima no señala claramente al culpable, no tenemos culpables.

Pero tenemos historias y prácticas de vida, tenemos lesiones previas,

tenemos cadáveres. Y el relato de un marido vendado que fue compasivamente tratado por los medios periodísticos y judiciales.

Todo ello configura una situación en la que nos permitimos dudar,

y plantear con fuerza, que este episodio debería analizarse dentro

de los innumerables y diversos crímenes y delitos característicos

de la violencia de género, agravada por el vínculo y por la gravedad

de las lesiones.'

'La justicia debe incorporar esta perspectiva y continuar con la

investigación. Desde las organizaciones de mujeres, desde las

competencias políticas y legislativas reclamaremos que la muerte

de Wanda no quede impune.'

Gabriela Barcaglioni (periodista especializada en

violencia de género):

'Creo que Vázquez debería seguir detenido, pero no sé si los

argumentos que me ayudaron a convencerme a mí -fundados

más en la experiencia cotidiana en la escucha y lectura de relatos

de mujeres víctimas de violencia de género- podrán ser

convincentes para otras personas.'

'Cada uno de esos relatos en primera persona, o que me llegan

a través de los medios de comunicación, tienen características

que se repiten hasta el cansancio, el ciclo de violencia que definiera

Leonor Walker está presente en cada uno de ellos, víctima y

victimario perfectamente caracterizados.'

'Es decir, hay indicadores perfectamente observables, sistemáticos,

históricos, que aparecen como una trama en cada uno de los casos,

pero que sólo son visibles si hay una mirada de género que

básicamente evidencia, permite tomar conciencia, que la violencia

en relaciones de pareja, vínculos familiares -por citar sólo dos

ejemplos- afecta de manera diferente a varones y mujeres.

Y que, además, los comportamientos, las actitudes, las

valoraciones puestas en juego, las explicaciones esgrimidas

(en este caso pensando en el testimonio del baterista de

Callejeros) son aprehendidas,

culturales, tienen la marca del patriarcado. Sólo así podrán

entenderse los asesinatos de mujeres como femicidios y no como

crímenes pasionales, productos de la locura, de un arrebato,

de una pelea.'

'Es decir que, además, deberán verse no como hechos aislados sino

como hechos que responden a una misma trama, a una misma

estructura. En tal caso, considerar que no se trata de un accidente,

sino que se da en un contexto de violencia con características

particulares y distintivas (violencia de género) puede funcionar como agravante.'

Raquel Disenfeld (psicóloga especializada en género;

integrante de Mujeres libres, la Campaña Autogestiva

contra el Abuso Sexual, y la Campaña Ni una Víctima

más de las Redes de Prostitución):

'No soy abogada así que no es mi ámbito saber si es posible que

Vázquez siga detenido. Todavía no entiendo, desde el enfoque de

género, por qué Romina Tejerina sigue presa, cuando toda su

conducta se puede entender desde la violencia hacia la mujer,

las revictimizaciones múltiples, la violación, el embarazo forzoso,

la violencia psicológica, la impotencia, el aislamiento y los

trastornos post-traumáticos. No entiendo que se aplicara contra

ella toda la carga de la justicia, la culpabilización.'

'Quizá desde el orden patriarcal es coherente que ella este presa

y Vázquez libre. En este orden, la subjetividad masculina no es

responsable, su conducta violenta se justifica sea por la enfermedad,

porque la mujer la provoca, o por la fatalidad accidental o karmática,

y hay séquitos que defienden al victimario. Se miente,

se enmascara, se oculta en esta cultura de dominación y

privilegio la justicia como equidad, como garantía de los derechos.

La búsqueda de la verdad no existe.'

'En una sociedad en que primara el cuidado de la vida y las

garantías de los derechos, los privilegios, los beneficios

económicos y narcisistas, no estarían por encima del

cuidado de la vida de las personas. Nuestra justicia actúa

como un candado, en que se encierra a las víctimas de

género y sociales para que los abusadores de poder sigan

perpetuando el orden patriarcal, genocida. En la medida

en que no cambiemos este orden, las ‘Rominas’ seguirán

presas y los Vázquez libres.'

'Creo en la justicia social, en el rechazo social, en que sin

enfoque de género no hay liberación posible ni comprensión

del terrorismo sexual.'

Artemisa Noticias

DE ESO NO SE HABLA...


Campaña anual de concientización Mamá Sol 2010

DE ESO NO SE HABLA

El abandono como forma no visible de violencia.


Este año MS realizará una campaña de concientización en la calle acompañadas por voluntari@s que quieran sumarse.

Realizaremos una volanteada y pequeños talleres informativos, una vez al mes en cada barrio, sobre la toma de conciencia del abandono como una forma no visible de violencia.

Como consideramos que DE ESO NO SE HABLA decidimos llamar así a esta, nuestra campaña, para todas y todos.

L@s esperamos a participar y desde ya agradecemos la difusión

En breve aparecerán publicadas las fechas en nuestro blog y página web


www.grupomamasol.com.ar

www.grupomamasol.blogspot.com

mamasolargentina@yahoo.com

La mujer mediatizada. Presencia femenina en los medios argentinos

El corto documental La mujer mediatizada. Presencia femenina en los medios argentinos, realizado por Artemisa Comunicación, recoge el testimonio de periodistas, comunicadoras y directivo/as sobre la presencia de la mujer en los medios noticiosos argentinos, tanto como contenido de las noticias como su participación en la generación de las mismas.

La pieza está compuesta por 19 entrevistas a directivos/as de medios nacionales y periodistas mujeres de distintos soportes: gráfica, radio, TV, Internet. Todas las voces crean un nutrido y polifónico debate

Los medios participantes son:
Diarios: Clarín, La Prensa, Crítica
Revistas: Para Ti, XXIII y Cosmopolitan
Radios: Belgrano, Nacional y Ciudad
Canales de TV: canal 7, América TV, Metro
Agencias de Noticias: TELAM;
Internet: Terra;
Comité Nacional de Radiodifusión.
Las periodistas y licenciadas que participan del video son:
Luciana Peker, Fanny Mandelbaun, Silvia Martínez Cassina, Silvana Avellaneda, Gisela Marziotta y Claudia Laudano.

Ficha técnica:
Realización: Matilde Michanie y Sonia Santoro
Cámara: Gustavo Quinteiro
Sonido: Damián Montes Calabró
Edición: Alberto Ponce
Investigación: Alejandra Waigandt y Carolina Escudero
Entrevistas: Carolina Escudero y Sonia Santoro
Arte de tapa: Cynthia Eisenberg
Producción General: Asociación Civil Artemisa Comunicación
© 2009

Este video es financiado por la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), un organismo ecuménico especializado en comunicación y preocupado por lo que llaman “justicia de género en los medios de comunicación”.

Para ver el corto hacé clik aquí:
http://www.artemisanoticias.com.ar/site/mujer_mediatizada.asp

Lo nuevo y lo viejo sobre la función materna.


Avances en tecnologías reproductivas, vacíos legales y clases sociales
Ester Kandel - Kattya Pérez (especial para ARGENPRESS.info)

Lo nuevo y lo viejo sobre la función materna.

Es posible afirmar que durante estos cien años, el campo de las tecnologías ha sido particularmente dinámico, lo atinente a la reproducción humana no es una excepción. Hacia la década de 1910 esta función, regida por patrones religiosos y naturalistas justificaba de uno y otro lado las limitaciones y derechos de las mujeres por su condición materna. Condición que se tenía además como central en relación con el porvenir del estado-nación, según se lee, por ejemplo, en la presentación a la conferencia financiera panamericana por parte del delegado norteamericano acerca de la legislación del trabajo. (1) “La protección de las mujeres y la determinación de sus horas de trabajo es un asunto que evidentemente debe importar al estado, pues la mujeres son las madres de los futuros ciudadanos, y en su salud y fuerza debe confiar el estado para perpetuarse”. O en el alegato de Juana María Begino en el Centro Socialista Femenino al proponer como la cuestión de la mujer (2) “todo lo relacionado con el papel que ha de desempeñar en la sociedad actual y los medios de que ha de valerse para que sea un miembro útil a esa misma sociedad en la plena posesión de sus deberes y derechos”. La condición de esposa, madre o hermana, capaces de dar amor por naturaleza, era la fuente de valoración por excelencia, a pesar de lo cual y fuera de ello, éramos consideradas seres peligrosos e indómitos. Algo de lo que persiste en la misoginia masculina y social, y que emerge con fuerza en momentos de crisis. Las mujeres, en el mismo rango que la infancia, la locura y hasta más cerca de la animalidad seríamos seres necesitados de la redención que ofrecían las instituciones de dominación, entre ellas la iglesia, como denuncia Begino, “Fue quizás, agobiada por el peso de su esclavitud doliente que, al aparecer el cristianismo evocador entonces de una redención dichosa para los desgraciados, se adhirió a él la mujer de todo corazón. Pero el cristianismo sigue amarrándola al carro triunfal del egoísmo varonil, a tal punto, que ya no es ni siquiera considerada como un ser pensante, sino como un ser dañino y peligroso para el hombre, razón demás para que este termine por someterla a su dominio absoluto, amparando este vasallaje por medio de ritos y ceremonias, de conceptos, códigos y leyes, que al dar apariencias de costumbres sanas a la fundación de la familia, disimulan, en cambio, la más abominable servidumbre de un sexo hacia el otro”. De ese modo la familia con la herencia de los valores medievales se adecuaba a las exigencias de libertad del nuevo orden de clases, de la división del trabajo y de los atributos subjetivos necesarios. La explotación de una clase por otra, a imagen y semejanza de los recursos de la naturaleza, correlacionaba con la opresión de un sexo situado como inferior, por otro investido y alimentado para la superioridad, que también la libre competitividad del mercado exigía. La familia y sus funciones constituyeron de ese modo la estructura nuclear para la reproducción humana y del modelo social. De aquí que el cuestionamiento de los pilares de una sociedad injusta no pudiera pasar por alto el presupuesto de la inferioridad de la mujer instalado en el sentido común, la vida institucional, pero también en el campo científico. Es particularmente ilustrativa la perspectiva que desarrolla Alicia Moreau (3) precisamente en este campo, a la luz de los avances que ofrecía la investigación frente al imperio de la razón dogmática. Se define así por el método experimental, y al hacerlo plantea por un lado, la comprensión de los efectos por sus causas, y por otro la validez histórico social frente al determinismo natural u orgánico: “Con este criterio no sólo comprobaremos los hechos, sino que, y esto es para mí el punto capital, investigaremos su génesis; si la causa es susceptible de variar o desaparecer, el efecto se modificará o dejará de ser; si por el contrario la causa es orgánica, si es consecuencia a su vez de la vida misma, si depende de la cuestión ordenatriz y profunda del individuo, el efecto tiene pocas posibilidades de variar”. Sus extensos y detallados argumentos tendrán también en cuenta a la maternidad pero esta no será exclusiva, poniendo de relieve en sus demostraciones el ángulo de lo social general y de clase. De ese modo discutirá la supuesta inferioridad de la mujer en los tres aspectos que la sustentaban, la sensibilidad, la inteligencia y la voluntad. El supuesto de inferior sensibilidad en la mujeres era correlato de una mayor expresividad de emociones, incluso irritabilidad, entre los considerandos la autora alega “ello debe lógicamente atribuirse a un ´self´ contralor más extendido, a un mayor poder de inhibición…Este dominio sobre sí mismo le viene [a los hombres]a mi modo de ver de su contacto más frecuente, más continuo con sus semejantes y de la necesidad creada por ese factor social de disimular o reprimir sus manifestaciones; lo que puede igualmente comprobarse en las mujeres a quienes las necesidades de la lucha por la vida han colocado en condiciones parecidas a las del hombre”. También la expectativa de vida cruza diferencialmente a hombres y mujeres para quienes la mortalidad mayor se produce entre 25 y 50 años, período que condensa los riesgos posibles pasado el cuál disminuyen, no así los pesares, las penas y los dolores ante los cuales destaca las distintas oportunidades para el olvido. “El factor social educación es el que obra aquí con toda energía, suprime, comprime o deprime las aptitudes femeninas colocándolas en condiciones de evidente inferioridad” Y agrega el componente de clase social: “Es este factor tan poderoso que por su distinta forma da resultados por completo diversos. La mujer de las clases superiores frívola y superficial, sin otra cultura que un barniz más o menos hábil, sin otra preocupación que la de su ´toilette´ o sus deberes mundanos que no cría ni educa a sus hijos abandonándolos ni bien nacidos en manos extranjeras, no puede compararse con la mujer de pueblo, que la existencia dura hace más seria, que comparte la pesada responsabilidad de la vida de la familia, obligada a trabajos rudos, a una incesante actividad”. Al rebatir la idea de que en la mujer la voluntad se ejerce como capricho hallamos nuevamente entre varios ejes, la siguiente distinción: “Si tomamos como sujeto de observación la del alto rango social a quien la fortuna ha sonreído…encontraremos esa voluntad rudimentaria, primitiva….Pero la mujer que ha debido vencer obstáculos, que ha debido encontrarse frente a frente con las dificultades numerosos de la vida activa, tiene la voluntad fuerte, la decisión, la iniciativa, la perseverancia del hombre sometido a la mismas influencias.” Cita como ejemplo el caso prototípico de una mujer viuda con tres hijos y sin oficio que debió trabajar de planchadora y así solventar la educación de los hijos, y se –nos- pregunta “¿No tuvo ella la voluntad más enérgica, más segura, equivalente a cualquier hombre que realice la empresa más larga y difícil” Y continúa, “En otro orden de ideas. No necesitaré recordad las dificultades que encontraron las primeras mujeres que osaron entrar en las universidades. La burla o el desprecio de los más, la burla de los estudiantes protegidos por el número, la hostilidad más o menos abierta de los profesores debía acobardarlas, hacerlas retroceder; sin embargo han persistido, su número ha ido aumentando, y dada la mayor cultura ambiente gozan ahora de una suficiente tranquilidad”. Por último, sin detenernos en los contraargumentos de orden orgánico y biológico como el tamaño y desarrollo del cerebro, leemos lo siguiente: “Y bien: si dada la educación, la influencia del medio social, el enorme peso de la tradición, la mujer hubiese dado genios y talentos como el hombre, esto probaría una inmensa superioridad que por otra parte no existe, pues para llegar a un nivel igual, la mujer debe vencer obstáculos que el hombre no conoce”. El pasado de la mujer es un pasado de ignorancia, de depresión y sujeción, y jamás en nombre de los errores pasados, no por completo desgraciadamente, puede fijarse el límite del porvenir”. Se trata así de abrir desde la ciencia misma el campo de posibilidades en que las mujeres puedan desenvolverse incluyendo entre otras actividades la educación científica que la beneficie de “una de las más hermosas conquistas de los tiempos modernos: la libertad de disponer de su vida como lo crea mejor”. Vale remarcar de este posicionamiento que el valor de la maternidad en las mujeres no reside en un esencialismo biologisista sino en el ejercicio de una práctica social. Pero si para entonces la libertad requería de al menos la conquista de derechos sociales que posibilitaran un nuevo reparto de actividades en el trabajo y las funciones parentales, el cambio de las condiciones científico-técnico-tecnológicos ha propiciado ciertas condiciones de autonomía en el plano de la autonomía reproductiva que no obstante siguen obedeciendo a las desiguales posibilidades materiales e ideológicas según la clase, y también etnia. La función materna se inscribe en un modelo de familia imperante, llamada nuclear en la que el padre es fundamentalmente el proveedor y la madre ocupa las tareas de crianza. Desde ya que los cambios operados en las últimas décadas, como las madres solteras y/o abandonadas que crían a los/as hijos/as solas, algunas beneficiadas por planes sociales, como el Plan Familia, la convivencia de parejas, la incorporación al mercado de trabajo, cumpliendo doble jornada laboral y la violencia doméstica, que llega a extremos de perder la vida, catalogadas por la crónica policial como crímenes pasionales, altera el concepto enunciado. Las investigaciones (4) sobre fertilidad en las mujeres refieren a la disminución de la misma después de los 30 años. Se recomienda, a partir de los 28 años, congelar óvulos y tener una oportunidad de concebir en el futuro con los propios, a un costo aproximado de $7000. La postergación de la maternidad, aunque se alega que es para preservar la inserción laboral y preservar la fuente de trabajo, creemos que también incidió el cuestionamiento que se viene realizando, desde la década de 1970, por los movimientos feministas, de las relaciones familiares, naturalizando la división de roles complementarios. Según Mónica Tarducci, (5) “las pensadoras feministas analizaron la relación entre trabajo doméstico y capitalismo, denunciando la explotación del trabajo reproductivo y doméstico de las mujeres, argumentando acerca de la doble explotación de la que eran objeto como reproductoras de la fuerza de trabajo dentro de la familia y como asalariadas en el mercado laboral”. Este cuestionamiento coexiste con un reconocimiento de los sentimientos contradictorios que se producen con la maternidad, por un lado como fuente de placer y realización personal así como una carga que a veces se torna insoportable y muchas veces con los dos vivencias a cuesta. Coincidimos con la autora citada que “los discursos pro-natalistas de hospitales, justicia, iglesias y medios de comunicación que sacralizan la maternidad y estigmatizan a quienes no quieren serlo, o no se comportan como “debe ser una madre”, contrastan notablemente con la falta de apoyo a las mujeres que son madres y no cuentan con las mínimas condiciones para ejercer su difícil tarea dignamente”. Este fenómeno observado desde principios del siglo XX, como lo hemos expuesto en el análisis del debate parlamentario sobre el proyecto de ley de Trabajo de mujeres y menores (6), refleja la continuidad entre las políticas liberales y neoliberales sobre la función materna. Pero ha de agregarse el fuerte impacto de la mercantilización que se viene operando en todo el campo de las nuevas tecnologías reproductivas, que se mantiene en las anteriores para la interrupción del embarazo, y abarca aun más el rejuvenecimiento y modelaje del cuerpo. Eclipsando el concepto de la maternidad como práctica y las estrategias legítimas de adopción, la acción de las nuevas tecnologías de reproducción que asisten a las mujeres que padecen infertilidad se desarrolla en el mercado reproductivo, sin legislación, con dos supuestos: el de “la protección de un modelo familiar y el estatus jurídico del (pre) embrión” (7). El autor observa una coincidencia entre esta estrategia de la corporación médica y del Estado para no avanzar en la discusión pendiente sobre la despenalización del aborto. Los proyectos de legalización del aborto son permanentemente rechazados por gobiernos y parlamentarios/as sujetos a las presiones de iglesias y la anuencia de las corporaciones médicas mientras rige con fuerza la otra ley, la ley del mercado.

Notas:
1) La Vanguardia, 14 de abril de 1916. La necesidad de obtener una legislación protectora uniforme en bien del trabajo y de las clases trabajadoras.
2) La Vanguardia, 13 de marzo de 1916. La mujer y el socialismo.
3) La Vanguardia, 10 de marzo de 1916. La inferioridad de la mujer.
4) Clarín, 28 de enero de 2010. Investigación de dos Universidades Escocesas.
5) Mónica Tarducci –organizadora. Maternidades en el siglo XXI. Editorial Espacio, 2008.
6) Kandel, Ester. Ley de trabajo de mujeres y menores –Un siglo de su sanción – la doble opresión: reconocimiento tácito. Dunken, 2008.
7) Garay, Ricardo. El destino de ser madres: la ideología de la maternidad como soporte discursivo de las nuevas tecnologías reproductivas en Maternidades del siglo XXI.

Mujeres visibles, madres invisibles





“La paternidad y la maternidad hoy se contradicen con las actividades visibles, sobre todo para las mujeres. Las mujeres SOMOS VISIBLES EN EL ÁMBITO EXTERNO (en el trabajo, en la profesión, en el deporte, en la política, en los ámbitos sociales, …), y cuando devenimos madres ingresamos en un lugar totalmente invisible”

“LA MATERNIDAD COMUNITARIAMENTE NO TIENE NINGÚN PRESTIGIO y por tanto la invisibilidad de la maternidad hace que las mujeres dejemos esos espacios y tratemos de desplegar, como es lógico, un lugar donde sentimos que existimos”

“El hogar es el lugar que hemos ido dejando las mujeres justamente porque alimentar, preparar comida, servir un alimento sano, permanecer juntos y comer, pasó del ámbito de los actos invisibles y la mujer hoy en día no es reconocida por ese trabajo. Son espacios que estamos dejando de ocupar en perjuicio de los niños”

“El desafío de las próximas generaciones de mujeres es ver qué podemos hacer para integrar los espacios de mujeres que el feminismo en las últimas generaciones hemos conquistado (estudiar, trabajar, actuar en política, …). Pero el problema es que en esta conquista hemos perdido otra parte que es muy femenina, es muy nuestra y también es muy poderosa. Lo que pasa es que hemos relacionado la maternidad con un lugar de sometimiento y LA MATERNIDAD NO DEBERÍA SER UN LUGAR DE SOMETIMIENTO Y REPRESIÓN y yo creo que va a ser el desafío de las próximas generaciones ver cómo integramos los 2 aspectos”

Laura Gutman

CONCILIACIÓN TRABAJO EXTERNO-CRIANZA, la soledad de los niños de hoy, la revolución próxima y el papel de la mujer en la sociedad:

“No es el trabajo el que me necesita a mí, sino que soy yo la que necesita del trabajo. Las dificultades a que me refiero las he visto en mujeres con muchos recursos económicos y con pocos recursos. Además, ¿qué pasaría si nos damos cuenta como sociedad de que si las mujeres se repliegan un año del mundo laboral, cuando vuelven están en condiciones de darles a las empresas una lucidez redoblada?”



“Pues yo creo que el problema no es trabajar. Yo trabajo desde los 15 años, me siento orgullosa, y además soy feminista de la primera hora. El problema es la valoración que le otorgamos al desempeño en el mundo laboral suprimiendo toda valoración a cualquier actividad que no sea rentable o visible. En este sentido, le hemos quitado toda visibilidad a la maternidad, y ése es el motivo por el cual sentimos que si permanecemos con los niños, quedamos devoradas por un túnel oscuro.

Por eso, el problema no es trabajar, el gran problema es regresar a casa y tener disponibilidad emocional para entregar al niño, ya que en ese momento entramos en una dimensión desconocida, invisible, desvalorizada, por lo tanto inexistente. Nadie quiere vivir en la invisibilidad. Muchas veces el trabajo es nuestro refugio, nuestra identidad, nuestra valoración. Pero profundamente, no es el trabajo lo que entra en contradicción con el maternaje, es el uso que hacemos de él.



“El niño está escolarizado todo el día porque es el lugar al que van mientras los padres trabajan y todos suponemos que el niño tiene que aprender algo y no recibir cuidados amorosos. Por lo tanto, los niños de hoy están mucho más solos que los de tres generaciones anteriores.

No digo que las madres de antes eran mejores madres que nosotras ni mucho menos. Pero sí que antes criar a los hijos tenía valor social y existía la familia extendida: la abuela, el tío, el vecino y la calle (que hemos perdido como lugar de intercambio social). Por lo tanto, ahora el niño está solo y aislado.

El gran drama es que los niños están solos y las mamás y los papás estamos demasiado solos para criar a los niños. Y una mamá y un papá son demasiado pocos para responder a las necesidades de un niño. Por lo tanto, es lógico que pidan más. Lo que no es lógico es que su pedido lo entendamos como capricho en vez de entender que la realidad de ellos, y la nuestra, es dramática”



“En la estructura patriarcal de los últimos cinco mil años conocemos el modelo de nuestras abuelas de mujer sometida, esclava sexual del varón, sin autonomía ni libertad personal y solamente madre. Y luego, de mayo del ’68 en adelante, con el advenimiento del feminismo, la anticoncepción, la libertad, la autonomía y el dinero con una salida al mundo en un modo masculino.

El desafío para las próximas generaciones es cómo hacer para encontrar un modelo integrado de ser mujeres, profundamente femeninas, con derecho a vivir la maternidad a pleno, con autonomía, libertad, manejo del dinero y trabajo.

Vamos a tener que inventar una manera femenina de circular por los ámbitos públicos. Creo que es una revolución que va a tardar varias generaciones, pero tenemos que empezar a pensarla. Hoy nos resulta difícil porque no tenemos modelos.

En este momento, las mujeres escapamos del hecho materno porque en el hecho materno dejamos de existir y nadie desea para su vida la no existencia. Esto no es inherente al ser humano, es inherente al patriarcado y nos va a corresponder a las mujeres encontrar una manera de vivir integradamente.



“Yo fui feminista de la primera hora en Francia. Y lo hemos hecho bastante bien. Pero ahora las chicas jóvenes no toman como una conquista ir a la facultad y trabajar les resulta evidente. Nadie dice “me voy a casar para tener hijitos”. Eso socialmente ha sido una conquista. Pero quizás es tiempo de pensar más allá.

Hoy está sólo valorizada la DONCELLA –para ser consumida por el varón– o la mujer que trabaja –para ser sostenedora de la familia– y luego, cuando no es ni doncella ni proveedora, es descartada. Es algo de la lógica machista que la mujer madura que sabe más del femenino interno sea expulsada y pase a la invisibilidad social justo en el momento en que adquiere mayor sabiduría”



“Expongo la dificultad actual para ejercer el rol de madres y padres, ahora que las mujeres hemos conquistado las calles. La maternidad ha perdido valor social. Cuando permanecemos con los bebés y niños pequeños en casa, sentimos que dejamos de existir.

Sin embargo, si no los atendemos, si no permanecemos con ellos, si no los alimentamos con paciencia, esos niños crecerán insatisfechos, ávidos, necesitados y luego se convertirán en lo que somos muchos de nosotros: adultos tardíamente deseosos de cuidados y amparo.

La revolución de las madres es una revolución silenciosa, amorosa y pacífica. El mundo cambiará cuando seamos capaces de integrar el amor y los cuidados amorosos en casa junto al despliegue de la autonomía y la libertad afuera”

VIDEOS: http://www.elblogalternativo.com/2010/02/03/mujeres-visibles-madres-invisibles/

Parto, miedo y dolor

La obstétrica y psicóloga, Amelia Mussini explica en el libro

'Parto, miedo y dolor. Medir el miedo para dar cauce al dolor'

(Del Nuevo Extremo) la importanica del apoyo emocional y

el estímulo corporal en el trabajo de parto. Ofrecemos un

adelanto.

Todo investigador trabaja acuciado por las preguntas que lo

persiguen. ¿De dónde surgen esas preguntas? La repuesta es,

generalmente, bastante personal. A algunos les surgen de los

libros, a otros de un profesor, o de la tarea cotidiana.
Les voy a contar de dónde surgen mis preguntas y cómo,

casi sin darme cuenta, me fui introduciendo en la interdisciplina.

En 1964 comencé a trabajar como maestra en escuelas del

Gran Buenos Aires, partido de La Matanza: en Laferrère,

González Catán, Barrio Los Pinos… Todas, llamadas en aquel

entonces 'escuelas de villa'. La mayoría de las aulas eran

viejos tranvías acondicionados. Hoy se habla mucho de

desnutrición infantil, pero ya entonces veíamos chicos

con hambre, que no aprendían porque tenían poca

concentración y estaban preocupados por otros temas.

En muchas de las casas había problemas por la carencia

de recursos económicos básicos y de sostén social. A esto

se sumaba, con cierta asiduidad, la falta de madre o padre,

y así, estos niños crecían con una concepción 'devaluada' de sí

mismos y de la vida.
Ya este primer trabajo, inmerso en un sector social distinto

al que pertenezco, me ayudó a pensar e interesarme en el

componente sociológico y antropológico de la vida humana.

En esa población había descendientes de los primitivos

habitantes de estas tierras, por lo cual se escuchaban

creencias y ritos diferentes, y tan válidos como los nuestros.

Estaba en ese momento decidiendo mi carrera universitaria.

Motivada por todo lo que veía y escuchaba en las escuelas

primarias, ingresé en Filosofía y Letras a la carrera de Psicología.

La facultad sufría entonces la persecución por parte de la

dictadura militar y, a los dos años de mi ingreso, fue cerrada

por un tiempo. En ese momento me incorporé a la carrera de

Obstetricia, de la que nunca más me pude desprender, y tuve

una de las vivencias fuertes de mi vida: presencié el primer parto.

Aun cerrando mis ojos puedo evocar con nitidez esa escena.

Imagínense una sala de partos (que ahora llamaríamos 'tradicional').

Una señora, acostada en una camilla —con lo que nosotros,

los de obstetricia, llamamos 'las piernas colgadas'—, toda tapada

con sábanas estériles. Las alumnas (ninguna hasta ese momento

había tenido esta experiencia) ingresamos a la sala y nos ubicamos,

casi sin mirar a nadie, en unas gradas como las de los coros, justo

frente a la camilla en la que solo se veía la vulva. Es evidente que

entramos al final del período expulsivo porque a los pocos segundos

vimos cómo salía la cabecita y luego todo el cuerpo del bebé.

Nadie nos había preparado emocionalmente para entrar ni

estábamos conectadas con la embarazada, a quien no habíamos

visto. Recuerdo un gran silencio en esa sala de partos, solo la voz

de la médica indicando cómo pujar, y después el llanto del bebé,

a quien retiraron inmediatamente. Pienso que tal vez así era la

organización en la Maternidad Pardo cuando debían ingresar

estudiantes.

En la carpeta de 'archivos de mis recuerdos' hay otra escena

más antigua que tengo muy grabada, y fue repetida en cada

uno de mis cumpleaños. Es el relato con el que me despertaba

mi mamá a las nueve de la mañana, hora en que nací. Ella me decía:

'Acabas de nacer. Fuimos a la mañana muy temprano al hospital

de Puerto Belgrano. Tuve suerte: la partera de guardia era una

amiga que, aunque hacía mucho que no la veía, me cuidó muy bien.

Fue rápido: enseguida me llevó a la sala de partos; tenía las

piernas colgadas mientras me presentaba a sus compañeros

médicos; sentía mucha incomodidad y vergüenza. A tu papá lo

mandaron a tomar un café y él se fue. Naciste y te pusieron sobre

una mesada. Hacía mucho frío, te vi morada y les dije: —No la dejen

ahí, va a estar más calentita conmigo…'.

No pude imaginarme cómo era una mujer con 'las piernas colgadas',

hasta que por fin entré como alumna a aquella sala de partos en la

Maternidad Pardo; es evidente que mi madre me dejó vislumbrar

escenas que yo tuve que ir a buscar para ver y entender.

El tiempo y mi experiencia como obstétrica me permitieron ir

tamizando el recuerdo de esos relatos. Pude escuchar en ellos

los reclamos de una mujer: por un lado, hacia su marido

(¿por qué se fue?). Y también hacia los profesionales:

¿por qué no le sugirieron a él que participara del parto,

que la acompañara, que estuviera en la escena, no

tomando un café ante la circunstancia tan importante

de su vida como es ser papá…?

Otro reclamo de mi madre en su relato: 'Saliste y te pusieron

sobre una mesada; era 9 de julio, hacía mucho frío, te vi

morada y dije: 'No la dejen ahí, dénmela, que va a estar más

calentita conmigo'. Esa era la forma en que se revisaba al recién

nacido, por razones de seguridad. Razones que luego fueron

analizadas científicamente. Tiempo después pude conectar

estos reclamos de mujer y mis nuevas búsquedas en obstetricia.

Nunca creí del todo que fueran casualidad: creo que la primera

que me ayudó a pensar fue esta mujer, mi mamá, que, sin darse

cuenta, elaboraba sus escenas tan fuertes de parto con su propia hija.
Desde 1972 y durante años —además de mi labor en instituciones

públicas—, formé parte, en el ámbito privado, de un equipo

interdisciplinario. Con él invitábamos a los papás (de la manera

en que ellos quisieran y pudieran) a estar con nosotros en la sala

de partos. Yo ayudaba a las mujeres a que buscaran sus maneras

personales de estar en el parto: no les 'colgábamos las piernas', no

estaban acostadas; nuestro neonatólogo no ponía sobre la mesada

al bebé, sino que lo miraba y lo controlaba sobre el pecho de la

mamá (salvo las pocas excepciones en que alguna indicación

médica sugiriera lo contrario).

Hay también otra circunstancia que resulta llamativa en mi

historia personal. En 1998, en una charla casual, le pregunto a

una tía materna por la historia de mi bisabuelo —de quien tenía

pocos datos porque la familia no solía contar nada—. Así,

inesperadamente, me entero de que mi bisabuela, Juana Dispa,

llegada de Bélgica con su título de maestra, había ingresado al

Hospital de Clínicas y se había formado como una de las primeras

parteras profesionales de la Argentina.
Antes nunca me habían contado esto. Fue un dato que me impactó

mucho, y me abrió a nuevas preguntas tanto personales como en

el ámbito de la investigación de las transmisiones culturales.

A pesar de no haberlo sabido conscientemente, ¿hubo algo

que mi familia transmitió sin que ninguno se diera cuenta…?
De este modo fui valorando cada vez más mi predisposición a dar

marcada importancia al conocimiento de la historia tanto de la

ciencia médica como de las culturas, para articularlas en la formación

de profesionales que se dedican a la prevención y atención de la salud.

En estos momentos hay un nuevo movimiento de ideas con el objeto

de repensar ciertas verdades científicas, lo que sugiere que hay

una necesidad de reflexión. Por ejemplo, ¿pueden las mujeres

decidir sobre sus partos? ¿En qué aspectos pueden decidir?

¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento sobre el propio

cuerpo de las mujeres y el saber médico sobre ese mismo cuerpo?

Y estos distintos saberes, ¿es posible que se articulen? ¿Resulta

útil esta posible articulación? Y si es así, ¿cómo lo hacen?

Este libro es un potencial aporte para esta reflexión y sus

implicaciones en la obstetricia. Está escrito con el deseo de

seguir instalando esa reflexión tanto en las futuras madres

y futuros padres como en los profesionales que atienden el

embarazo, el parto y la crianza.

Está dirigido en particular a los profesionales relacionados

con la obstetricia (obstétricas, médicos obstetras, neonatólogos,

parteras, enfermeras, etcétera), y también a aquellos

provenientes de la psicología o la psiquiatría, cuya especialización

se vincule con la atención perinatológica. Por su enfoque

interdisciplinario, es asimismo un aporte para antropólogos

y sociólogos interesados en los condicionamientos culturales

y sociales implicados en estas cuestiones. Y, en especial, está

dirigido a las mujeres embarazadas, a sus parejas y a las

familias que se encuentran en esa movilizadora situación vital.

Es también mi intención proponer a las autoridades nacionales

de Salud que la Psicoprofilaxis Perinatológica Integral (que abarca

el embarazo, preparto, parto, puerperio, lactancia, y crianza) sea

instituida como especialidad. Que su formación científica sea

interdisciplinaria, profunda y sistemática. Y que incluya el gran

aporte de las técnicas corporales en todas las etapas mencionadas,

ya que de este modo se podrán analizar y resolver mejor las

problemáticas actuales durante el embarazo, en las salas de

parto y aun en los puerperios cuando las parejas retoman

el tema de salud sexual y anticoncepción. Temas todos de

gran actualidad y que necesitan un mayor aporte de

profesionales formados.

Artemisa Noticias